Esta es una toma aérea de la incesante depredación de bosques a causa de la minería ilegal en las proximidades de la comunidad nativa de Boca Pariamanu, en Madre de Dios. (Foto: SPDA)
Esta es una toma aérea de la incesante depredación de bosques a causa de la minería ilegal en las proximidades de la comunidad nativa de Boca Pariamanu, en Madre de Dios. (Foto: SPDA)
Por Mongabay Latam

Alfredo no recuerda bien la fecha exacta, pero sí que a fines del año pasado, en un punto cercano a puerto Pastora, en Puerto Maldonado, región Madre de Dios, alguien le puso precio a su vida. Ese día había comprado medicinas que debía llevar con urgencia a Boca Pariamanu, la comunidad indígena donde vive desde que nació, hace 51 años. Nativo de la etnia amahuaca, como casi todos en su pueblo, Alfredo era el único que podía brindar atención médica básica a sus vecinos. Nunca hubo en Boca Pariamanu un médico o enfermero permanentes y hasta ahora la posta de salud sigue abandonada. Él estudió para ser técnico sanitario, pero por estos días es más que nada catequista y agricultor. A sus conocimientos de salud se suman los patrullajes que realiza una vez al mes por el río Pariamanu, con un grupo de indígenas amahuacas y de otras etnias, para detectar los daños que causa la minería ilegal en las proximidades de su comunidad. Por eso, cuando aquella noche en Puerto Maldonado dos hombres lo interceptaron en la calle, Alfredo no tardó en darse cuenta de lo que estaba por venir.