Por Manuel Contreras

Desde la Casa Museo Marina Núñez del Prado, en medio del emblemático bosque El Olivar, en San Isidro, apenas se escuchan los autos. El canto de las aves, los árboles, una que otra ardilla, y las decenas de esculturas de todos los tamaños dispersas en los jardines que rodean la casa, crean un escenario que invita al sosiego y permite disfrutar de todo el arte que reúne el lugar.

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