Karina Villalba F.

Denisse no tiene un rayo pudiente que convierte todo, con solo una mirada, en algo bonito o glamoroso,como los memes que protagoniza. Pero igual hace magia. Con un grupo de 500 estudiantes de un colegio de monjas, la concertista de piano montó a mediados de los noventa su primer musical, «Sueño de una noche de diciembre». Se las agenció para hacerse de telones pintados a mano, de equipos de luces y de sonido, de micrófonos inalámbricos, de vestuarios de ensueño y de una maravillosa escenografía. Fue un éxito.

Denisse es la pionera cultural que hace 18 años venció la incredulidad de propios y extraños y se empeñó en hacer musicales en nuestro país. Para eso fundó Preludio, asociación cultural donde forma disciplinadamente a los chicos que hoy son parte de su elenco.

Denisse es la productora que llena un teatro el mismo día que nuestra selección de fútbol juega un partido crucial en un torneo internacional y logra que esa misma gente –alrededor de mil personas–, grite emocionada: «¡Viva el Perú!», al final de un solo con cajón.

Denisse es la mujer sensible que de niña lloraba al escuchar una pieza de música clásica en la iglesia, es la madre trabajadora que lleva a su hija de 4 años a las funciones y se conmueve cuando se reconoce en ella, es la estricta maestra que admira el talento de sus pares, la amiga que apoya y alienta a sus compañeros a volar más lejos cuando tienen la oportunidad, la jefa mandona y leal que lucha por su equipo de trabajo. Ella es Denisse Dibós, una fuerza eléctrica que convierte el «quiere» en «puede».

¿Cómo te encuentran estos 18 años a la cabeza de Preludio?

Acabamos de terminar la temporada de «El Musical 2015: Broadway, color y cajón» con una nota bonita. Estoy muy contenta y satisfecha, pero con pena como productora de que estemos en un país con tan pocos teatros para una demanda que está creciendo.

Y poco apoyo...

De eso ya ni hablo, no me gusta renegar ni victimizarme. No hay nada de apoyo, por eso soy independiente y lo gestiono como puedo con el apoyo de la empresa privada. Estoy agradecida por lo que recibo, pero no es una cosa fija que me permita estar tranquila. Nunca estoy tranquila, siempre tengo que estar viendo qué va a pasar el próximo año. Es un tema de economía del país, las cosas comienzan a desestabilizarse y lo primero que hace la empresa privada es retirar el auspicio. La cultura es la que sufre. Pero, como te digo, contra todo pronóstico, sacamos adelante este musical. Tomé el reto y nos mandamos.

¿Ha sido el primer musical en el que incluiste elementos peruanos?

Hace tiempo soñaba con esta fusión, pero no quería ir de producir Chicago –que es la obra emblemática de Broadway– a producir una jarana criolla, porque considero que la música peruana, como cualquier género, tiene que trabajarse con mucho respeto, con mucha cautela. Entonces, dije vamos a hacer una fusión, pero vamos a hacerlo de a poquitos. Y así fue. En la segunda parte del segundo acto, incluimos instrumentos de percusión, como el cajón. Ahí, la fusión ya estaba, pero en los últimos 15 minutos de la obra, todo era peruano con música de Chabuca Granda, con el «Toro Mata», con instrumental landó, festejo, percusión, puro cajón.

¿Porqué no te animaste antes?

Por temor, no por falta de ganas. Yo decía, esto (los musicales) es lo mío, en esto soy profesional y soy, indiscutiblemente, una de las personas más preparadas en el Perú. A eso me he dedicado toda mi vida, eso he estudiado. Pero, ¿quién soy yo para venir acá a hacer algo peruano cuando aquí están todos los maestros de la música peruana? Mi director de orquesta, me respondió: «Denisse, entiendo lo que dices, pero no estás sola. Yo soy egresado del Conservatorio Nacional del Música Clásica, dirijo tu orquesta de jazz, de Broadway, porque manejo y leo música, pero tengo una especialización en música afroperuana, me conozco todos los ritmos. No estás sola». Y me di cuenta de que tenía razón y de que yo no podía ser la experta en todo. Este director de orquesta se llama César Vega, ha estudiado muchísimo la música afroperuana y me sentí respaldada. Y efectivamente, la música peruana usa otro código, y le pedí a él que dirigiera el bloque peruano, porque hay otro fraseo, otra cadencia a la hora de cantar. César lo hizo hermosísimo. Me he quedado muy contenta.

¿Has pensado incorporar permanentemente estos elementos?

Sí, de todas maneras. Es algo de lo que ya no me voy a poder librar. Uno porque ya caló en mí y me di cuenta de que podemos hacerlo. Y dos, porque he comprobado que a mi público, que supuestamente viene a ver Broadway, le fascinó. ¿Por qué? Porque la estética no se aleja de la de Broadway, hay mucha limpieza en los bailes. Son bailes organizados, con estructura de coreografía, con una estética en el vestuario. La verdad, ha funcionado muy bien y la gente sale con un orgullo delicioso y eso, como te digo, ha calado muy profundo en mí.

¿Cuántas obras haces al año?

Este 2015 me estoy excediendo, va a ser mi récord. Ya hicimos «El Gran Musical», ahora estamos preparando siete micromusicales para Microteatro Lima que van desde el 10 de julio hasta finales de noviembre en Barranco. Son tres temporadas de cinco semanas y arrancamos con «En un encender y un apagar». Y en agosto presentamos la obra para niños «El Mago del País de las Maravillas», en el teatro de la Universidad del Pacífico.

Además de tus obras teatrales musicales, tienes un programa de entrevistas.

Sí, y lo amo. Es uno de los trabajos más lindos que he tenido, porque me está permitiendo conocer a gente increíble que no necesariamente es famosa, pero que está haciendo cosas importantes, como Marino Morikawa, un biólogo que empezó limpiando la laguna de Chancay y que ahora está yendo a limpiar el lago Titicaca. El programa empezó en enero del 2014, ya tiene un año y medio y he podido entrevistar a Eva Ayllón, Fernando de Szyszlo, Federico Salazar, Alonso Cueto, al ‘rey de Gamarra’, Inés Melchor, Melcochita, con quien tuve la entrevista de mi vida (sonríe).

Manejaste bien ese episodio.

Melcochita es un hombre muy respetuoso, me defendió en las entrevistas. La gente siempre quiere polarizar y meter el racismo, trataron de crear una guerra entre los dos que no se dio nunca, porque ni él ni yo somos racistas.

Lo resolviste con buen humor.

Sí, con lo de no tengo «lleca», pero tengo correa (estalla en risas). Es que si me preguntas por un montón de jergas, no te voy a entender. Eso no quiere decir que yo sea una purista con el lenguaje. Yo tengo la vena Dibós. Natalia Málaga Dibós es mi prima hermana y la boquita de caramelo no le viene por Málaga. Mi familia es muy lisurienta, habla muchas malas palabras y yo también he crecido así. Pero de calle, sí pues, me falta un montón.

¿Aplicas el buen humor en todos tu trabajos?

En mi trabajo de actriz o cuando enseño, hay mucho goce, lo disfruto y estoy de buen humor. Pero mi trabajo de productora sí es muy estresante. Si no conseguiste plata para el financiamiento, no nos alcanza, vienen y nos cobran y me dicen, «ah, no, si no me pagas adelantado, no te doy el vestuario». O cuando tienes un elenco gigante y los horarios no coinciden. Todo eso es muy pesado. Entonces, respiro profundo, pero igual me amargo. Afortunadamente tengo un equipo que es como mi ‘punching bag’. Ellos se llevan la peor parte de mí, con ellos reniego, me desfogo. Y entienden perfectamente que no es contra ellos, que solo estoy expresando mi molestia. Me contienen.

¿Siempre tienes cosas irresueltas?

Siempre, (suspira). En el musical pasado, al personaje de Katia Condos, la productora, le preguntan: «¿Sigues preocupada?», y ella responde: «Siempre estoy preocupada. Soy productora». Eso es un poco mi vida, siempre estoy preocupada.

¿Y aun así te gusta hacerlo?

No tengo otra opción. Sueño con encontrar algún día un sponsor, una empresa que crea tanto en mi trabajo que me ponga un gerente administrativo que se ocupe del financiamiento, del flujo de caja, del break even, del tas con tas, etcétera, para que yo me pueda dedicar a la parte artística. Ese sigue siendo mi sueño. Pero no puedo, pues.

¿No te sientes desbordada?

Sí. A veces llamo al doctor y le digo «estoy angustiada». Tengo tantos problemas que pongo la cabeza en la almohada y no puedo dormir a pesar de que me muero de sueño. No dejo de pensar en lo que tengo que hacer mañana, en el auspicio, en la plata que no entró... son pensamientos que no los puedo controlar ni con la meditación ni con nada. Entonces, 10 días antes de un estreno fuerte, mi doctor me da un ansiolítico o una pastillita para dormir. Lo hago responsablemente, llamando a mi médico.

¿Te detendrás en algún momento?

Es un tema económico. Esta casa la compré con una hipoteca, a crédito, así que no puedo parar, hay cuentas que pagar. Quizá cuando tenga mis cuentas pagadas y ahorros, podré respirar, pero mientras tanto, no. Yo no tengo herencia, yo trabajo para vivir. No puedo detenerme porque tengo que sacar esto adelante, mantener una casa como esta cuesta plata, son cuatro pisos. Si yo paro, no hay ingresos y si no hay ingresos, ¿qué hago con mi equipo? ¿Le digo, chau, váyanse a descansar? ¡Ni muerta! La gente que tengo es valiosísima. Es mi equipo de toda la vida, mi gente de confianza.

¿Estás cansada?

Sí, pero a la vez mi vida se equilibra con mi hija. Llego a la casa y me recibe con un «mamáaaa» y se me tira encima. Ella me da equilibrio y mucha energía. Paloma sale al parque que está enfrente y trae frutitos o flores en su canasta de Caperucita y se las da a la abuelita –que es mi mamá–, que tiene una enfermedad muy triste (Parkinson), pero que está muy lúcida, perfecta de la cabeza. Eso para mí no tiene precio, son las cosas que te llenan la vida. Y dices, pucha, por esta niña vale la pena todo esfuerzo.

¿Eres espiritual?

Últimamente bastante. Antes era muy pegada a la Iglesia, tuve una época del colegio y post colegio, muy pegada a la Iglesia Católica, formaba parte de un grupo católico súper radical. Luego, poco a poco fui saliéndome de esa radicalidad, sin abandonar mi espiritualidad. Y si bien me alejé de la Iglesia como militancia, mi espiritualidad volvió mucho más fuerte estos últimos años. Para mí está clarísimo que existe una energía superior, yo lo llamo Dios, y respeto las formas de llamarlo. Ahora, a través de la meditación me metí en búsquedas más profundas.

¿Meditas regularmente?

Sí, lo hago seguido. Es lo único que me mantiene bien, de pie. Aprendí a meditar hace cuatro años, porque una amiga me lo recomendó. Conocí a una mujer que me enseñó a visualizar. «¿Te quieres ver embarazada? Visualízate embarazada, dibújate embarazada». Yo llegué a usar esos polos que dicen «bebe a bordo», hice mis dibujos... increíble. A los pocos meses, y a mis 43 años, salí embarazada y me volví, obviamente, fanática de la meditación. Si eres disciplinada y sabes dominar tu mente de tal manera que llegas a la brecha, que es cuando ya pones tu cerebro en la nada, realmente logras descansar.

¿Cómo te cuidas?

Mira, te tengo que ser sincera. Sí me cuido, no te voy a decir que no, pero no soy nada histérica. Como de todo, pero creo que mi ritmo de vida es lo que mantiene mi metabolismo así acelerado y por eso no me engordo. No me quiero dar el mérito de cuidarme mucho porque no soy de las que comen ensalada todo el día, no. Acabo de venir de almorzar y ni te cuento lo que he comido: frejoles con arroz, con seco de pollo. Eso me he zampado de almuerzo.

¿Practicas algún deporte?

Baile es lo que más hago, de cuatro a cinco horas diarias, pero este año no mucho. Ahora estoy corriendo en la mañana, me doy una vuelta al Golf. Quiero medirme, ir mejorando mi tiempo, y ya cuando esté fresca con eso, me mando al malecón.

¿Te parece importante la inclusión del arte en el currículo escolar?

Me parece importantísimo. Cuando estudié fuera, gran parte de mis cursos eran sobre pedagogía de niños y ahí te dicen que la música (en mi caso, especializada en piano) te da las tres «C»: confianza, coordinación y concentración. Y efectivamente, eso es lo que todo niño necesita. Un niño necesita tener confianza en sí mismo, si no, no crece sano. Tiene que confiar en que puede. Esa es la clave del rayo pudiente: confiar.

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