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Y en medio de todo el caos, la moda es una de las industrias que más ha sentido el golpe. En un mundo donde todo pasa bajo cuatro paredes, resulta absurdo- e innecesario- hablar de prendas de temporada, tendencias y looks. ¿Para qué vestirnos? ¿para salir a la bodega? ¿al supermercado? ¿a pasear al perro? La pijama y un par de pantuflas parecen haberse convertido en nuestro look por excelencia: el outfit estrella de la temporada. A ellas, le siguen los buzos u opciones comfy que se han vuelto los favoritos de las que más aman arreglarse. Conjuntos a tono, oversized, ceñidos al cuerpo, estampados o de color entero…las sudaderas, joggers y buzos ocupan el trono fashion de este 2020.
Entonces…¿es válido hablar de moda en la nueva normalidad? Aunque no parezca, lo es…y mucho. Recordemos la primera guerra mundial y el papel de la moda en aquellos momentos. El estilo militar vio la luz y las gabardinas se convirtieron en la pieza del momento, para luego ser reemplazadas por vestidos cortos, tacones cómodos y sombreros llamativos que celebraban el fin de ese turbulento periodo. Lo mismo sucedió en los años cuarenta. Después de la segunda guerra- donde la moda también se volvió sencilla y práctica debido al racionamiento de tejidos- las mujeres se decantaron por el new look de Christian Dior: vestidos de cintura acentuada y falda en 'A'. Un look que dejaba atrás el simplismo de los años de guerra y prometía - de nuevo- una vida divertida, alegre y soñadora.
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Lo cierto es que la moda es un reflejo de la sociedad. “El que en la moda solo ve moda es un necio”, decía Balzac. La moda no se puede analizar sin entender el momento político y social en el que sucedió; están ligados. Por eso, hablar y analizar moda es analizar la sociedad: lo que viven, piensan, sienten, y- sobre todo- desean. Tal vez, sea tan difícil entenderlo porque la indumentaria se resume muchas veces a la elección de ropa diaria, algo tan básico en nuestras vidas que es difícil entender la carga histórica y social que conlleva. La moda es un aliado de expresión y consuelo; más aún en tiempos de crisis. Es por ello que resulta lógico el ascenso del comfy look, en un mundo donde todo lo que queremos es sentirnos cómodos, protegidos…a salvo. Entonces, la pregunta no es ¿para qué nos vestimos? sino, ¿por qué nos vestimos así?
Lo vimos en las recientes pasarelas de primavera verano 2021, que no han sido ajenas a la situación actual. Aunque los guiños a un futuro optimista están más presentes que nunca- con el estampado floral, las tonalidades neón o la inspiración marina- las prendas cubiertas tampoco se han hecho desear. La colección de Prada, creada por Miuccia Prada y Raf Simons es una prueba de ello. Sobre pasarela vimos looks en tonos neutros cubiertos por una especie de capa, que la modelo cogía a la altura de su pecho haciendo referencia a un elemento protector frente al exterior. "En una época de increíble complejidad: ¿Qué importa? ¿Qué es significativo? Esa es una pregunta que nos hicimos a nosotros mismos. Queríamos crear algo que tuviera sentido para las personas, algo que fuera útil. Todo lo que hagamos debería permitir que las personas vivan mejor ", explicó Miuccia cuando le preguntaron por la colección.
La moda se vuelve un elemento útil, pero sobre todo expresivo cuando los tiempos se tornan oscuros. Tal vez, se aleja de su función tradicional: expresar un mensaje implícito a una audiencia exterior; pero no por eso deja de ser relevante. Se trata, simplemente, de un cambio de función. La nueva normalidad nos hace reflexionar- y cambiar- el modo en que nos relacionamos con la ropa; el modo en que consumimos. Palabras como sostenibilidad y consciencia empiezan a tener sentido en nuestro modo de comprar.
Pese a todos los cambios, la moda sigue siendo un espejo de nuestras vidas, pero también puede ser una escapada a desligarnos de la realidad y soñar con un futuro mejor. Y eso, en tiempos donde el estado anímico cobra más relevancia que nunca, está subestimado. Encontrar un refugio creativo que nos invite a esperar tiempos mejores es siempre un buen aliado para pasar largas tardes en casa frente a la ventana. Al final del día, en tiempos difíciles…todos necesitamos soñar.
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