Damas limeñas con elegantes mantillas en misa de Domingo de Ramos, el 11 de abril de 1965. FOTO: Archivo Histórico El Comercio.
Damas limeñas con elegantes mantillas en misa de Domingo de Ramos, el 11 de abril de 1965. FOTO: Archivo Histórico El Comercio.
Por Miguel Villegas

Con el semblante cansado, las piernas dobladas pero intacta la fe, el Señor pasea sus huesos por las calles del Correo, Portal de Botoneros, Afligidos, Valladolid y Vera Cruz. Es perfecto, como esculpido. Dobla por Palacio de Gobierno y alguien podría decir que entristece. Sigue su camino. Suena el claxon de un Dodge y la voz de la señora de los anticuchos. El Señor es frágil como yeso y noble como el corazón de Lima: la hospitalidad peruana es de ranking mundial. Deja la estación de Desamparados –donde hoy es la Casa de la Literatura– y una alfombra de flores lo recibe para avivar el catolicismo, un sello de esta república.

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