"Dos reyes en Madrid", por Jerónimo Pimentel [OPINIÓN]
"Dos reyes en Madrid", por Jerónimo Pimentel [OPINIÓN]
Jerónimo Pimentel

es el mejor jugador de fútbol hoy. Mañana puede ser . Ayer, lo podemos discutir durante los próximos 50 años. El punto es el siguiente: establecer la supremacía individual en un deporte colectivo es imposible, pues la valoración es relativa y el marco de evaluación, estacional. No hay comparación justa, para colmo, en tanto no se pueden establecer condiciones idénticas (compañeros, rivales, etc.). Finalmente, reducir una carrera a números es una sobreestimación estadística e ignorarlos, una irresponsabilidad injustificable cuando se les tiene tan a la mano. Por si fuera poco, el consenso es una meta indeseada: ¿para qué vemos fútbol si no es para tener un motivo alegre de disputa? La prensa deportiva tiene en ese deseo uno de sus principales alimentos.

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El portugués, sin embargo, ha puesto muy complicado cuestionar su reconversión en 9 y su actual preponderancia, ya que exhibe dos virtudes difíciles de hallar. La primera es autoconocimiento, un rasgo de madurez: Cristiano no puede trabajar la banda como hace 8 años, pues sería desperdiciar su potencial en el ida y vuelta, en los piques largos y las funciones de marca; era imperativo cambiar o declinar. El segundo mérito consiste en evolucionar, algo que no depende solo de la voluntad, sino del talento y el trabajo: Ronaldo ha sido capaz de adaptarse, en el otoño de su carrera, a una posición que reactiva su potencia y peligro, pero que exige otras facultades. No son muchos los jugadores que pueden modificar sus hábitos tácticos, ni siquiera en la veintena. Para hacerlo se necesita ambición, lo que al delantero madridista le sobra. El resultado se ve ahora: CR7 es un artillero de área, versátil al momento de definir, que ha encontrado en el timing y el oportunismo la mejor manera de mantener el protagonismo mundial que tanto ansía.

Una pregunta justa sería ¿cuál es el rol de Zidane en esta reconversión? No es que el entrenador francés, de perfil bajísimo, tenga buena o mala prensa; simplemente no la tiene. No se le considera un innovador, no se excede en las conferencia de prensa, no regala titulares fáciles y, por si fuera poco, asume la victoria y la derrota con la misma calma. Y aún así, acaba de dar dos repasos históricos al Atlético de Madrid y al Bayern Munich en Champions League. Por mucho menos se ha encumbrado a Simeone, a Klopp y a Sampaoli, por citar a algunos entrenadores que gozan de favor mediático. Si el francés consigue su segundo título europeo consecutivo, Zidane habrá establecido un récord y quizás se le tome más en serio. Pero antes se le debería reconocer una sabiduría: ha sido capaz de renovar a un crack excluyente al dosificar sus minutos de juego e invitarlo a otra posición; y a la vez ha podido armar dos equipos que alternan competencias en plenitud de juego. ¿Se puede lograr todo eso solo con manejo de vestuario y apellido?

Esta semana se debería confirmar lo ya probado en la primera ronda de duelos, donde dos de los clubes mayores de Europa, Real Madrid y Juventus, se impusieron con facilidad a dos insignias  emergentes, Atlético de Madrid y Monaco. La final ya se imagina y tiene la promesa del choque de trenes. Hay un gusto en ver a la nobleza futbolística cruzar espadas. 

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