Aunque gordo y encorvado, las espaldas anchas y su metro ochenta de estatura advierten que ese anciano de cabellos enrulados y mirada apacible alguna vez se cuadró bajo los tres palos. Es la presentación de “En tus manos me encomiendo”, doscientas páginas de nostalgia por los solitarios que juegan al fútbol con guantes y ahí está, silencioso, el hombre a quien crecí despreciando sin conocer.

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