1. Apunta al ingreso de actividades de desarrollo sostenible: brinda alternativas de servicio financiero que estén estratégicamente diseñadas para que el usuario final pueda responder responsablemente a créditos solicitados, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones, garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico, el cuidado del medio ambiente y el bienestar social.
2. Combate la informalidad y el desempleo: el poder contar con una herramienta de trabajo y un sistema financiero confiable es fundamental para gestar una base que permita al ciudadano crecer bajo sus propios medios. Con los recursos suficientes y la orientación adecuada, es posible generar más empleo y oportunidades para la formalización.
3. Mejora las posibilidades de acceder a una mejor calidad de vida: con buenas condiciones crediticias, gracias al contar con un trabajo o un emprendimiento propio, las condiciones de vida mejoran y se dinamizan los gastos de consumo e inversiones en salud y educación.
4. Fomenta la disminución de la desigualdad: porque refuerza las condiciones básicas que necesita una persona para crecer financieramente y, por consiguiente, reduce la pobreza.
5. Promueve el desarrollo del país: a más empleo, mayores oportunidades para todos y la economía se dinamiza. Para lograr ello es imprescindible fomentar la educación financiera. Una apuesta responsable por parte del sector empresarial y del Estado para agilizar el proceso de disminución de pobreza y abrir oportunidades para los sectores más vulnerables.