Cuando el modelo T de Ford fue lanzado en 1908 como una alternativa relativamente barata para el trasporte, el ecosistema del transporte a caballo recibió una estocada de muerte. Aquellos que decidieron adaptarse temprano a la nueva tecnología florecieron en un mercado de enorme impacto e incalculables dimensiones para la época. Quienes rechazaron al auto y su nuevo ecosistema por mil razones diferentes no solo quedaron obsoletos, sino que perdieron empleos, negocios y los únicos modelos de generación de ingresos que habían conocido. Todo eso sucedió muy rápido.

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