Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

Lo que era una escultura monumental, que se alineaba con el horizonte frente al mar de Huanchaco, ya no está más. Desde hace unos días, “La máquina de arcilla” es solo escombros. Los siete cubos que conformaban la magnífica obra de Emilio Rodríguez Larraín (1928-2015) hoy lucen derruidos y abandonados en la arena como simple desmonte. Parecen una señal deprimente del interés nacional por su propio arte.

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