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En su pequeño taller de Damasco, Antun Tawil, uno de los últimos lutieres artesanos de Siria, espera en vano el siguiente pedido de un laúd, cuya fabricación era motivo de orgullo en el país antes de la guerra.
El conflicto que golpea a Siria desde hace seis años ha destrozado gran parte de la industria artesanal del país, y el oud o laúd oriental se ha visto especialmente afectado debido al éxodo de los lutieres y a la escasez de la madera de Damasco.
"Antes de la crisis había alrededor de 20 talleres, entre Damasco, Alepo y Hama. Ahora solo hay 10", cuatro de ellos en Damasco, explica Tawil, de 57 años.
En su tienda de 9 m2 en Tekkiye Suleymaniyé -un complejo otomano en el que hay una mezquita y un zoco de artesanos-, el lutier contempla los ouds suspendidos sobre su cabeza, algunos de ellos con profusas decoraciones con incrustaciones de nácar y marfil y un notable trabajo de ebanistería.
El laúd es el instrumento rey de la música oriental y primo de la guitarra -aunque su mástil es más corto y la caja de resonancia más abultada- y la balalaica rusa.
Tawil ya no cuenta con un equipo. "Tenía seis trabajadores. Todos se fueron de Siria", cuenta este artesano.
- 70 años en buen estado -
"Antes de la guerra, trabajábamos durante todo el día, porque había una gran demanda", recuerda.
En un mes podía vender una docena de laúdes, sobre todo para Europa y Canadá. "Hoy puede pasar un mes y no haber vendido nada".
Este artesano habla con pasión del oud sirio o damasceno que, en su opinión, es el más exquisito y duradero de los laúdes árabes.
"Nuestro oud puede durar 70 años sin necesidad de mantenimiento", dice con una sonrisa.
Pero "su oficio está amenazado", asegura, quejándose de que, además de los efectos de la guerra, "los jóvenes no tienen tiempo para aprenderlo".
El secreto de su durabilidad, según Isa Michel Awad, experto en instrumentos de cuerda del Instituto Superior de Música de Damasco, está en las primeras etapas de su fabricación.
"Es la forma en que se elige la madera damascena, se seca y se fermenta", explica.
Pero precisamente es la madera la que supone un problema en la actualidad.
"Necesitamos madera de nogal, de gran calidad, que está presente sobre todo en la Guta Oriental", bastión rebelde asediado al este de Damasco, explica Ali Jalifé, dueño de uno de los talleres de laúd más famosos de Damasco.
"La población de la Guta usa ahora esta madera para calentarse y está escaseando".
- "En vías de extinción" -
Eso es un drama para el laúd damasceno, fabricado por primera vez en 1897 por Abdo al Nahat. A principios del siglo XX el oud era el instrumento preferido de los sirios, que lo tocaban en los casamientos o las recepciones femeninas.
En el taller de Ali Jalifé, en el barrio de Adaui, la caja de resonancia se ensambla a golpe de martillo y las clavijas de las cuerdas se enroscan a mano.
Pero aquí el trabajo es medio artesanal, medio mecánico.
Mientras que Antun Tawil todavía emplea el vapor para doblar los costados uno tras otro, en el taller de Jalifé una máquina dobla 20 de una vez.
"Pulir el laúd a mano lleva entre cinco y seis horas... con la máquina, está listo en un cuarto de hora", explica el lutier treintañero, que exporta su producto por Medio Oriente, Francia y Estados Unidos.
La desaparición de la mayoría de talleres ha beneficiado en cierto modo a Jalifé. "Producíamos entre 10 y 15 laúdes al mes, hoy hacemos 20", dice.
"Cuando observo el estado de nuestro oficio, puedo decir que está en vías de extinción", lamenta no obstante. ¿Estará a salvo el oud sirio en el extranjero? Antun Tawil quiere ser optimista. "En Quebec ahora hay sirios que establecen talleres para fabricarlos".

















