A vendor enters information into a credit card reader for a customer making a purchase at a stand in the Chacao district of Caracas, Venezuela, on Wednesday, Dec. 6, 2017. Venezuelan President Nicolas Maduro announced the nation would create its own cryptocurrency, the "petrocurrency," backed by reserves in oil, gas, gold and diamonds amid the Bolivar's decline. Photographer: Carlos Becerra/Bloomberg
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La crisis económica que vive parece haber tocado las pequeñas tiendas de Caracas e incluso a los vendedores ambulantes. Varios quioscos de la ciudad están preparados para aceptar tarjetas en lugar de dinero en efectivo.

La razón tiene que ver con la crisis económica y social que vive el país, marcada básicamente por la alta inflación que obliga a subir los precios de lo que se vende casi todos los días y ello hace que los billetes pierdan valor de manera acelerada. 

Así, sin un ciudadano quiere comprar un dulce deberá cargar grandes fajos de  billetes para lograr su objetivo. Un proceso engorroso que además de querer evitar el vendedor, omite el comprador.

En lo social, el hecho de cargar demasiado billete también supone una amenaza para cualquier ciudadano por la gran cantidad de robos que hay en el país. La situación motiva a los venezolanos a realizar sus compras con tarjeta y a los comerciantes a tener listos sus POS.

Venezuela lidia con una severa hiperinflación que en el 2018 podría escalar a 2.349%, según el FMI.

Para tener una idea de lo que significa cargar efectivo en Venezuela basta de hacer un cálculo de cuánto costaría cambian 100 dólares. En el mercado negro se paga 92.000 bolívares por dólar. Ello quiere decir que si hacemos el cambio por los 100 dólares obtendríamos la astronómica suma de 9,2 millones de bolívares.