Han pasado más de dos décadas desde que el Perú inició su proceso de descentralización. La promesa era acercar el Estado a los ciudadanos, reducir las desigualdades territoriales y generar oportunidades de desarrollo en todo el país. Sin embargo, los resultados muestran que, si bien hemos avanzado, todavía estamos lejos de cumplir esos objetivos. Esta fue una de las principales reflexiones que dejó el Foro Visiones, iniciativa de la Embajada de España y de la Cámara Oficial de Comercio de España en el Perú.
La presentación del Índice de Competitividad Regional (Incore 2026), elaborado por el Instituto Peruano de Economía, permitió poner cifras a una realidad que conocemos, pero que no siempre dimensionamos. A partir de 42 indicadores agrupados en seis pilares, el índice muestra las enormes diferencias que persisten entre regiones. Mientras Lima y Moquegua alcanzan un puntaje de 7,5 sobre 10, Loreto apenas llega a 3,6. Las regiones más competitivas se concentran en la costa centro y sur, mientras que las menos competitivas se ubican principalmente en la sierra norte y la selva.
Pero quizás lo más preocupante no sea la distancia entre regiones, sino las brechas en servicios que deberían estar garantizados para todos los peruanos. Mientras en Lima el 80,5% de la población tiene acceso a agua con niveles adecuados de cloro, en Pasco apenas llega al 3,2%. En educación, el porcentaje de estudiantes de cuarto de primaria con rendimiento satisfactorio en matemáticas alcanza el 54,6% en Tacna, frente al 6,4% en Loreto. Estas diferencias se traducen en oportunidades desiguales según el lugar donde nace y vive cada peruano.
Otro dato que merece atención es el retroceso en algunos indicadores sociales. La anemia infantil, por ejemplo, pasó de 31,4% en el 2019 a 34,9% en el 2025. En 20 regiones supera los niveles prepandemia. Resulta difícil hablar de competitividad y desarrollo cuando uno de cada tres niños pequeños enfrenta una condición que puede comprometer sus oportunidades futuras.
Las intervenciones de los panelistas permitieron ampliar la discusión. Una de las ideas más importantes fue la necesidad de construir institucionalidad desde los propios territorios, aprovechando el conocimiento y la experiencia de quienes conocen sus problemas. La descentralización no puede limitarse a transferir competencias y presupuestos. Requiere equipos técnicos preparados, continuidad en la gestión y capacidad de ejecución. También exige voluntad política. Las normas son necesarias, pero insuficientes cuando no existe decisión para convertirlas en resultados.
El papel de la inversión privada fue otro de los temas centrales. Los datos presentados muestran una relación positiva entre inversión, competitividad y reducción de la pobreza. Las obras por impuestos aparecen como un mecanismo valioso para acelerar proyectos y cerrar brechas de infraestructura. Sin embargo, su verdadero impacto debe medirse no solamente por los recursos comprometidos, sino por la capacidad de transformar las condiciones de vida de la población.
También se destacó el potencial de la tecnología para acortar distancias y acercar servicios a territorios históricamente desatendidos. Pero la transformación digital requiere algo más que conectividad. Necesita instituciones capaces de aprovecharla y ciudadanos con las competencias necesarias para beneficiarse de ella.
El desafío de la descentralización no es únicamente económico o administrativo. Es también social y político. Un país en el que las oportunidades dependen tanto del territorio difícilmente puede construir una ciudadanía que perciba que el Estado responde por igual a sus necesidades.
El Foro Visiones deja reflexiones importantes. El Perú necesita inversión, infraestructura, instituciones sólidas y mejores capacidades de gestión. Pero, sobre todo, necesita pasar del diagnóstico a la acción. Después de más de veinte años, la descentralización no puede seguir siendo una promesa pendiente. Su éxito debe medirse por cuánto logra reducir las desigualdades y mejorar la vida de los ciudadanos, independientemente de donde vivan.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.