No pensaba seguir con este tema esta semana, pero he recibido comentarios de Jaime de Althaus en estas mismas páginas, de Alfredo Palacios en “Expreso”, y de Eddie Fleischman en X, que ameritan un comentario adicional.
Sobre el informe final de la CVR, suscribo lo que el propio informe señala: “Proponemos una narración que (...) debe (...) ser continuada y enriquecida con la participación de la sociedad civil, el Estado (...) habrá lugar en él siempre para acoger nuevos testimonios de víctimas aún desconocidas, así como nuevas perspectivas de análisis o de crítica que contribuyan a su reescritura continua” (tomo I, p. 42). Al mismo tiempo, considero justo tomarlo como punto de partida para la discusión sobre la violencia política del período 1980-2000. En otras palabras, se puede perfectamente criticar el informe; lo que me parece muy injusto e interesado es descalificarlo y atribuirle, de manera prejuiciosa, contenidos o intenciones que no tiene.
Althaus en su artículo “Efectos de la CVR” acepta que esta sí encuentra en Sendero Luminoso la más grave responsabilidad por el conflicto, pero critica que “no destaca lo suficiente [énfasis mío] que esa política fue consecuencia de la ideología marxista-leninista-maoísta”. A mi juicio, este podría ser un ejemplo de crítica que no debería llevar a descalificar el informe. De otro lado, Althaus critica que el informe “no reconoce explícitamente” que durante los años de Fujimori se diera lo que “desde la propia CVR siempre se reclamó: que hubiese una conducción política de la lucha contra la subversión”, con una estrategia “que tenía dos líneas: alianza con las comunidades y reforzamiento de la inteligencia policial”. Totalmente de acuerdo con la validez de esa estrategia, el problema es que Alberto Fujimori también permitió y encubrió que existiera un comando paramilitar como el Grupo Colina. En lo que concuerdo con Jaime totalmente es en que “lo que derrotó a Sendero no fue el Grupo Colina, sino la mencionada estrategia”.
Es muy importante entonces tener muy en claro cuáles estrategias funcionaron y cuáles no. Antes de la estrategia que resalta Althaus, hubo una equivocada, “que en un primer período fue de represión indiscriminada contra la población considerada sospechosa de pertenecer al PCP-SL” (conclusión 54 de la CVR). Una respuesta que caía en la trampa del senderismo de [inducir al] “genocidio mediante actos de provocación al Estado” (conclusiones 29 y 30). Algunos parecen considerar que mencionar esa estrategia previa implicaría “desacreditar a las FF.AA.”. Estimado vicealmirante Palacios, yo suscribo con usted que las FF.AA. combatieron “a delincuentes terroristas” y protegieron “a la sociedad en cumplimiento del deber y defensa de la patria”. Pero se tienen que reconocer los errores cometidos para así valorar el cambio de estrategia que permitió la derrota del terrorismo. Esta lección tiene importante vigencia hoy y se debe aplicar, por ejemplo, al combate a la criminalidad, o al manejo de las protestas sociales; las fuerzas del orden deben defender los derechos de los ciudadanos, teniéndolos como aliados, no percibirlos como amenaza.
Buena parte de las críticas al informe de la CVR y al contenido y funciones del Lugar de la Memoria, lamentablemente, se basa en prejuicios, desinformación, en haber convertido a ambos en símbolos de una “batalla por la memoria”. Solo avanzaremos si estamos dispuestos a escucharnos.