La educación suele aparecer en los discursos como una prioridad nacional. Sin embargo, los resultados muestran una realidad distinta. Durante años hemos acumulado brechas, retrocesos y oportunidades perdidas que hoy limitan el desarrollo de millones de estudiantes y, con ello, el futuro del país. Por eso, en una etapa en la que el Perú vuelve a discutir sus prioridades y el rumbo que quiere seguir, es momento de asumir que la educación no puede continuar ocupando un lugar secundario en la agenda pública.
Lo más preocupante es que estamos dejando de cumplir la promesa más básica de cualquier sistema educativo: que los estudiantes aprendan. Hoy, miles de niños y jóvenes avanzan por la escuela sin desarrollar plenamente las competencias que necesitarán para construir su proyecto de vida y aportar al desarrollo del país. Los resultados lo confirman. Según la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje, apenas el 22,9% de los estudiantes de segundo grado alcanzó un nivel satisfactorio en comprensión lectora. Más preocupante aún, los resultados más recientes muestran que solo uno de cada diez estudiantes de quinto de secundaria logra niveles satisfactorios en comprensión lectora y matemática. Detrás de estas cifras hay una realidad que no podemos normalizar: estamos limitando las oportunidades de una generación entera.
Pero recuperar los aprendizajes no será suficiente si seguimos educando para un mundo que ya cambió. La inteligencia artificial, la transformación digital y los cambios en el mercado laboral están redefiniendo las habilidades que las personas necesitarán para desenvolverse y prosperar. Según el Foro Económico Mundial, cerca del 40% de las habilidades requeridas en el trabajo cambiarán durante los próximos cinco años. Frente a esta realidad, la educación debe enfocarse cada vez más en desarrollar pensamiento crítico, creatividad, adaptabilidad y capacidad para resolver problemas, preparando a los estudiantes para aprender y reinventarse a lo largo de toda su vida.
Tampoco podemos seguir aceptando que las oportunidades educativas dependan del lugar donde nace un estudiante. Las brechas que persisten entre regiones del país siguen condicionando el acceso a una educación de calidad y limitando el futuro de miles de niños y jóvenes. Reducirlas exige decisiones sostenidas, una gestión enfocada en resultados y acelerar la modernización educativa. Hoy, según UNICEF, solo el 39,5% de los estudiantes de escuelas públicas cuenta con acceso a internet a través de dispositivos digitales, una realidad que evidencia todo lo que aún nos falta por avanzar.
Si queremos transformar la educación, debemos empezar por quienes hacen posible el aprendizaje todos los días: los docentes. La UNESCO ha señalado reiteradamente que son el factor escolar más importante para mejorar los aprendizajes. Por eso, el país necesita maestros preparados para formar estudiantes autónomos, creativos y capaces de aprender de manera continua. En un entorno de cambio acelerado, enseñar ya no significa solo transmitir conocimientos, sino desarrollar capacidades para toda la vida. Para lograrlo, también es indispensable fortalecer sus competencias digitales. Hoy, según la OCDE, solo cuatro de cada diez docentes peruanos cuentan con habilidades digitales básicas, una brecha que no podemos seguir postergando.
Sin embargo, ningún avance será sostenible si seguimos cambiando de rumbo cada cierto tiempo. La educación requiere continuidad, visión de largo plazo y acuerdos que trasciendan gobiernos y coyunturas. Por eso, más que soluciones aisladas, el país necesita construir una ruta educativa compartida que permita mejorar los aprendizajes, fortalecer el liderazgo docente, acelerar la modernización educativa y movilizar a todos los actores comprometidos con el futuro del Perú.
Por eso, hoy más que nunca, el país necesita espacios de diálogo y construcción de consensos como CADE Educación 2026, capaces de convocar a los distintos actores a pensar y construir una ruta compartida para transformar la educación peruana.
Recuperar los aprendizajes, fortalecer el liderazgo docente y preparar a nuestros estudiantes para los desafíos del futuro es una tarea que nos involucra a todos y sobre la que no podemos seguir esperando.