El estrés se ha convertido en una experiencia cada vez más frecuente. La última encuesta global de WIN, realizada en el Perú por Datum, revela que el 42% de las personas en el mundo afirma sufrir estrés con mucha o bastante frecuencia, frente al 32% registrado el año anterior. Aunque parte de esta diferencia podría explicarse por cambios en la formulación de la pregunta, el incremento se observa en 34 de los 39 países evaluados en ambas mediciones. Los resultados muestran una tendencia que merece atención, especialmente por las causas que están detrás de este fenómeno.
En el Perú, el 35% de las personas declara experimentar estrés con frecuencia, siete puntos más que en el 2025. Al mismo tiempo, quienes afirman sentir poco o ningún estrés disminuyeron de 35% a 28%. Si bien el país se encuentra por debajo del promedio global de 42% y del 45% registrado en las Américas, el aumento resulta significativo. En la región, Chile encabeza la lista con 56%, seguido de Ecuador con 55%, Estados Unidos con 52% y Argentina con 50%.
En el Perú, el promedio nacional esconde diferencias importantes. Mientras el 46% de las mujeres peruanas afirma experimentar estrés con frecuencia, entre los hombres la proporción alcanza apenas el 24%. La brecha de 22 puntos es considerable y muestra que esta experiencia no se distribuye de manera uniforme. Aunque la encuesta no permite establecer las causas de esta diferencia, invita a examinar cómo las responsabilidades laborales, económicas y familiares pueden generar presiones distintas entre hombres y mujeres.
Es importante distinguir entre estrés y salud mental. El estrés es una respuesta natural frente a situaciones de presión y no constituye por sí mismo un trastorno mental. Sin embargo, cuando es intenso o persistente, puede afectar el bienestar emocional y físico, e incrementar el riesgo de desarrollar problemas de salud mental.
¿Qué está generando tanto estrés? En el Perú, las principales fuentes de preocupación son el trabajo (35%), las dificultades económicas (29%), la salud (25%) y la familia (23%), razones que coinciden con las identificadas a nivel global y en proporciones relativamente similares. Las diferencias aparecen en otros factores. Mientras en el mundo la política, los conflictos internacionales y el uso excesivo del teléfono tienen cierta relevancia como fuentes de estrés, en el Perú su incidencia es considerablemente menor. Esto resulta interesante porque, pese a la exposición a problemas políticos y acontecimientos internacionales, las preocupaciones que más afectan a los peruanos están vinculadas con situaciones que inciden directamente en su vida cotidiana.
Estos resultados invitan a revisar la manera en que se aborda el estrés. Habitualmente, se pone el énfasis en la responsabilidad individual, mediante recomendaciones para descansar, organizar mejor el tiempo o desarrollar hábitos saludables. Sin embargo, cuando las principales fuentes de preocupación están relacionadas con el trabajo y la situación económica, las soluciones no pueden depender únicamente de las personas. Las empresas y los gobiernos también tienen un papel importante en la generación de condiciones que contribuyan a reducir estas presiones.
En el ámbito laboral, es necesario revisar las cargas de trabajo, promover la flexibilidad y facilitar la conciliación entre las responsabilidades profesionales y familiares. Más allá de ofrecer programas de bienestar, se trata de reducir las condiciones que generan presión. Desde el Estado, promover el empleo formal, mejorar el acceso a la salud y reducir la vulnerabilidad económica también pueden contribuir a aliviar estas presiones.
El estrés persistente puede aumentar la irritabilidad, reducir la paciencia y dificultar la regulación de las emociones. Esto puede manifestarse en reacciones desproporcionadas, discusiones o menor tolerancia frente a situaciones cotidianas. Aunque no podemos atribuir estos comportamientos únicamente al estrés, vale la pena considerar cómo las presiones individuales pueden terminar afectando la convivencia. El estrés no solo afecta a quienes lo experimentan, sino también la manera en que nos relacionamos con los demás.
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