RespuestasEl hombre que sabe demasiado, por Santiago Roncagliolo
“Saviano solo puede residir en cuarteles y se desplaza con cinco guardaespaldas”.
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“Eres peruano, ¿verdad? Felicidades. Ustedes ya son los primeros productores mundiales de coca”.
Para encontrarme con el escritor italiano Roberto Saviano he tenido que cruzar ante los dos policías uniformados, y luego dejarme guiar hasta un despacho aislado, donde dos guardaespaldas de civil me autorizan pasar. Ahí afuera, tres más se mezclan entre los transeúntes. Pero no estamos en una comisaría, sino en una biblioteca pública de Barcelona.
El primer libro de Saviano, “Gomorra” (2006), narraba en detalle las actividades de la mafia napolitana. Y tuvo demasiado éxito: cuando llevaba cien mil ejemplares vendidos, el clan de los Casalesi lo amenazó de muerte. Desde entonces, el libro ha despachado una decena de millones más, y su autor se mantiene protegido minuto a minuto por las autoridades. Solo puede residir en cuarteles y se desplaza con cinco guardaespaldas. Si viaja, las embajadas deben tramitar dispositivos de seguridad en cada país.
Como resultado, Saviano conoce todos los entresijos del crimen mundial. Vive metido en ellos. Pero no deja de ser un napolitano simpático, conversador y ligeramente barrigón, como un personaje de Andrea Camilleri:
“¿Sabes por qué firmaron la paz en Colombia? Gracias al cártel de Sinaloa. Los mexicanos controlan el negocio de la coca, porque manejan la distribución. Es como si fueran el Walmart de los narcóticos. Así que el precio bajó mucho. Las FARC ya no podían financiarse. No les quedó más remedio que buscar un acuerdo”.
Después de “Gomorra”, Saviano pasó casi una década sin escribir un libro. Publicó unas memorias de su “vida de mierda”, como él la llama, una recopilación de artículos, y un par de historias que parecían bonus tracks de su gran éxito. Además, colaboró con la película, y con la serie de televisión de “Gomorra”, que va por la tercera temporada.
Pero, finalmente, aprendió a aprovechar esa vida para escribir: como símbolo de la libertad de expresión, Saviano es recibido por líderes mundiales, ministros del Interior y Defensa, jefes antinarcóticos o generales de policía. Su acceso a información privilegiada produjo el ensayo “Zero Zero Zero”, que explica el comercio global de la coca. Y hoy presenta la que, en realidad, es su primera novela: “La banda de los niños”, una historia sobre los nuevos mafiosos adolescentes de Nápoles, tejida a partir de transcripciones judiciales de jóvenes que matan para conseguir unas zapatillas Air Jordan.
En la presentación en Barcelona, con sus dos escoltas sobre el escenario, Saviano resulta igual de fascinante que en nuestra conversación previa. Ante un auditorio abarrotado, detalla los vínculos de la mafia italiana con las drogas en España, y explica cómo los criminales adolescentes de Nápoles admiran a los yihadistas. Su tesis más provocadora es igual de aplicable a Italia que al Perú, Estados Unidos o Rusia, donde la mafia surgió precisamente en los años noventa:
“Habrá crimen organizado mientras haya capitalismo –sostiene–. El capitalismo idolatra el éxito. Y lo mide en dinero. Pero el crimen siempre ofrece márgenes de beneficio mucho mayores que un negocio legal. Mil dólares de cocaína se multiplican por veinte en el mercado europeo. Los mafiosos se alimentan de los valores de nuestro sistema”.
Después del acto, Saviano firma centenares de libros. Mucho público se ha quedado afuera. A la cena posterior se apuntan autoridades. Su éxito es apabullante. Pero al final de la noche, al verlo subir en su vehículo blindado, pienso que yo volveré a mi casa caminando tranquilamente por la calle. Y mañana llevaré a los niños al colegio. Entonces comprendo que él cambiaría todo su prestigio y su carrera por la mía. O la de cualquiera.












