Las facultades legislativas que solicitará el Gobierno al Congreso pueden ser algo más que una vía rápida para producir un gran marco regulatorio. Y si la digitalización funciona como arquitectura, y no como maquillaje tecnológico, podría convertirse en el acelerador de una reforma estatal icónica. La pregunta es si se sabrá comprimir burocracia sin comprimir capacidad pública.
El Ejecutivo de la presidenta Keiko Fujimori solicitará al Congreso facultades por 120 días para legislar, entre otros temas, sobre seguridad, mypes, empleo, simplificación administrativa y modernización del Estado. La delegación no es una rareza republicana. Lo interesante esta vez es que la digitalización aparece como elemento tractor de varias reformas.
Y allí conviene mirar los detalles: MiPerú busca funcionar como una billetera digital que soporte el DNI electrónico y permita interactuar con entidades públicas y privadas. Licencia 0 pretende reunir en una plataforma única e interoperable las autorizaciones que necesita una mype para operar. Y Pensión 65 Proactiva propone algo todavía más sugerente: identificar quiénes cumplen los requisitos, contactarlos por celular y facilitar su incorporación al programa. En castellano simple: que el ciudadano deje de perseguir al Estado y, alguna vez, sea el Estado quien lo encuentre para ayudarlo.
La verdadera prueba estará en si estos productos conversan entre sí, respetan la protección de datos, y evitan duplicaciones. Porque un Estado digital lleno de plataformas aisladas puede ser la misma burocracia, pero con aplicaciones.
Hace unas semanas, en el Technion de Haifa-Israel, vi una proeza que obliga a cambiar de escala mental: la Nano Biblia. Más de un millón de caracteres de la Biblia hebrea están grabados sobre una diminuta superficie de silicio recubierta de oro del tamaño de un grano de arroz. Uno la mira y piensa: ¿cómo cabe tanto en tan poco? La respuesta tiene menos de milagro que de precisión, arquitectura y capacidad de concentrar información sin perder sentido.
¿Podríamos imaginar algo parecido para el Perú? No un Estado mínimo, sino un “Nano Estado”: menos pesado, más preciso y capaz de concentrar mayor capacidad pública en estructuras simples, interoperables y reutilizables.
Eso exige algo más ambicioso que digitalizar trámites. Un procedimiento de 20 pasos convertido en 20 clics sigue siendo un mal trámite, solo que ahora tiene WiFi. El salto sería identificar sus piezas básicas –identificar, verificar, autorizar, pagar, registrar, notificar– y construirlas para que puedan reutilizarse en muchos servicios.
Las facultades durarán 120 días. La oportunidad, bastante más. Si el gobierno quiere usar la digitalización para acelerar el progreso, debería recordar la lección de aquella Biblia diminuta: innovar no consiste simplemente en hacer las cosas más pequeñas, sino en conseguir que mucho más valor quepa dentro. Y la definición clave en ese sentido puede ser un Estado basado en unidades fundamentales de capacidad pública, interoperables y reutilizables, capaces de combinarse dinámicamente para resolver necesidades ciudadanas con la menor fricción institucional posible.
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