Como hizo el expresidente Castillo en su momento, el congresista Roberto Sánchez reclutó al economista Pedro Francke para el debate “técnico” del domingo pasado. En la escala musical de la extrema izquierda, Francke es la voz de la moderación. “No vamos a expropiar nada”, dijo, rebelándose contra la “gestión directa” de los recursos naturales que plantea el plan de gobierno de su partido; “vamos a desregular”, más bien. Después de pasarse 50 años leyendo a Marx, parecería haber descubierto a Milton Friedman.
Como hizo el expresidente Castillo en su momento, el congresista Roberto Sánchez reclutó al economista Pedro Francke para el debate “técnico” del domingo pasado. En la escala musical de la extrema izquierda, Francke es la voz de la moderación. “No vamos a expropiar nada”, dijo, rebelándose contra la “gestión directa” de los recursos naturales que plantea el plan de gobierno de su partido; “vamos a desregular”, más bien. Después de pasarse 50 años leyendo a Marx, parecería haber descubierto a Milton Friedman.
La imagen moderada de Francke ayudó, sin duda, a ganar la segunda vuelta del 2021, pero encontró resistencia interna a la hora de formar gobierno. Tanto él como el inefable Aníbal Torres juraron sus cargos de ministros dos días después que el resto del gabinete. Torres sobrevivió radicalizándose. Francke duró apenas seis meses. Seis meses que esta vez podrían ser tres si insiste con ratificar a Julio Velarde en la presidencia del Banco Central de Reserva (BCR).
Vayamos ahora a su récord como ministro. Francke dijo en el debate que la inversión privada aumentó en S/18.000 millones durante su gestión y que se creó 300.000 empleos. No ha mentido, pero tampoco ha sido claro.
Si por su gestión entendemos los dos últimos trimestres del 2021, desde un mes antes de su llegada hasta un mes antes de su partida, la inversión privada aumentó, en efecto, en S/18.000 millones con respecto al mismo período del año anterior: de S/77.475 millones a S/95.184 millones, según cifras del BCR. Pero esas cifras están todas en soles nominales, que no es como normalmente se presentan las cifras del crecimiento, porque parte de ese aumento se debe simplemente a la inflación. En soles del año 2007 –esto es, extirpando la inflación acumulada desde entonces– la inversión privada aumentó menos de S/6.000 millones, la tercera parte de lo que reclama Francke: de S/54.209 millones a S/59.765 millones. En términos porcentuales, el aumento fue de 10,2%; nada mal, pero tampoco nada espectacular cuando estábamos recién saliendo de la pandemia.
Usando el mismo período –los dos últimos trimestres del 2021–, el empleo habría llegado al final de la gestión de Francke a 17,6 millones a nivel nacional, según el Instituto Nacional de Estadística (INEI). Esos son, en efecto, 300.000 empleos más… que en febrero del 2020, justo antes de que arribara la pandemia al Perú. Francke, en otras palabras, se atribuye una recuperación que ya estaba viento en popa cuando tomó el timón del ministerio.