Un cuento de funcionarios públicos

“Les digo a los jóvenes ávidos por entregar su esfuerzo en favor del bien común, que su tiempo llegará pronto”.

    Oswaldo Molina
    Por

    Economista. Director ejecutivo de la Red de Estudios para el Desarrollo (Redes).

    Resumen

    Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

    / Ilustración: Giovanni Tazza

    Las constantes malas designaciones de altos funcionarios, la campante corrupción y la irresponsable rotación y copamiento de puestos públicos clave parecen formar parte de nuestro día a día y vienen golpeando la frágil imagen que tenemos del funcionario público y del servicio civil. Sin embargo, esto es muy injusto. De manera paralela, existen en nuestro país funcionarios públicos –normalmente en puestos de menor nivel– que con humildad y sacrificio mejoran la vida de los peruanos. Cómo olvidarnos de la entrega de esos miles de médicos y personal de salud que fallecieron luchando contra el COVID-19, esos burócratas que con honestidad y tesón trabajan largas jornadas en ministerios y organismos estatales para lograr pequeños avances en las políticas públicas, esas enfermeras que deben viajar extenuantes trayectos para llevar vacunas y controles médicos a poblaciones alejadas. Y es que es así, los malos funcionarios públicos representan no solo una afrenta a todos los peruanos, que deben sufrir las consecuencias de esos malos nombramientos; sino también de los empleados estatales buenos y honestos.

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