Justicia y judicialización

“Sin un orden constitucional y legal claro y actores dispuestos a respetarlos, seguiremos con democracias frágiles o de fachada”.

  • Lee aquí el Editorial de hoy martes 6 de febrero: “Invitado de horror”
Martín  Tanaka
Por

Profesor principal en la PUCP e investigador en el IEP

En los últimos años se habla mucho de la creciente judicialización de la política latinoamericana (y mundial), un tema que también hemos abordado en esta columna. En general, asumimos que se trata de un fenómeno negativo, en tanto consideramos que las disputas políticas se deben dirimir en el terreno de la política, sin desplazarlas a ámbitos judiciales. Las cosas, por supuesto, siempre son más complicadas. Algunas veces, la no judicialización es consecuencia de ciertos pactos que aseguran la impunidad ante la comisión de delitos o malas prácticas, del control de los políticos sobre el sistema de justicia. En unas ocasiones, la judicialización es positiva, pues resulta una expresión de cierta iniciativa de instituciones que defienden sus fueros frente a abusos del poder o de un nivel de autonomía que permite la persecución de delitos de corrupción. En otras, ciertamente la política se judicializa porque se intenta dirimir indebidamente en espacios judiciales lo que debería en efecto ser parte del debate, la deliberación y la decisión política. Las fronteras entre unos y otros casos no siempre son fáciles de delimitar.

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