Defensores de un golpista

En buena cuenta, lo que piden los gobiernos de Colombia, México, Bolivia y Argentina es que los peruanos nos tapemos los ojos ante lo que fue un deliberado intento por destruir la democracia en nuestro país.

    Editorial El Comercio
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    de El Comercio

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    Pedro Castillo asumió como presidente del Perú el 28 de julio del 2021 (Foto: AFP)
    Pedro Castillo asumió como presidente del Perú el 28 de julio del 2021 (Foto: AFP)

    El Golpe de Estado dado por el ahora expresidente Pedro Castillo en nuestro país el pasado miércoles 7 de diciembre está sirviendo como una criba para diferenciar a aquellos políticos comprometidos con la democracia por encima de cualquier simpatía ideológica de los que no. Entre los primeros, se encuentran los gobiernos que en los últimos días han resaltado la respuesta de las instituciones peruanas ante el zarpazo de un aspirante a tirano que se encontraba rodeado por serios indicios de corrupción a los que nunca pudo (ni quiso) dar respuesta y que, en un desesperado y último intento, trató de cerrar el Parlamento e intervenir el sistema de justicia. Entre los segundos, aquellos que, por el contrario, han servido y continúan sirviendo como tristes comparsas del dictador más efímero de la historia de nuestra República.

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