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A pesar de encontrarse ya en la recta final de la campaña, ocho de cada diez peruanos admiten que no saben cómo se debe votar este 12 de abril. Asimismo, el 50% señala que desconoce la cédula de votación que se empleará —la más grande en la historia electoral del país— y, entre quienes afirman conocerla, la mayoría la considera confusa. Así lo revela la última encuesta de Datum Internacional para El Comercio.
A pesar de encontrarse ya en la recta final de la campaña, ocho de cada diez peruanos admiten que no saben cómo se debe votar este 12 de abril. Asimismo, el 50% señala que desconoce la cédula de votación que se empleará —la más grande en la historia electoral del país— y, entre quienes afirman conocerla, la mayoría la considera confusa. Así lo revela la última encuesta de Datum Internacional para El Comercio.
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A nivel regional, Lima y Callao concentran el mayor desconocimiento sobre el procedimiento de votación (88%), seguidos de la zona centro (79%). Sin embargo, en todas las regiones los niveles superan el 70%. Por edades, el desconocimiento es más elevado entre los adultos jóvenes, especialmente en los de 25 a 34 años (86%) y de 35 a 44 años (84%), aunque las cifras evidencian que se trata de un fenómeno transversal.
La cédula de votación medirá 42 x 44 cm y estará organizada en cinco columnas, cada una correspondiente a un tipo de elección. En ella se deberá elegir una fórmula presidencial, 30 senadores a nivel nacional, 30 senadores a nivel regional, 130 diputados y cinco representantes al Parlamento Andino. En este ABC Electoral de El Comercio puede encontrar mayor información.
Específicamente sobre la cédula, el estudio muestra que el 50% de los encuestados afirma conocerla, mientras que la otra mitad señala no haber tenido contacto con ella. No obstante, incluso entre quienes dicen conocerla, el 61% la percibe como confusa y solo el 37% la considera clara. Además, apenas el 24% afirma haber practicado cómo votar, ya sea mediante una cartilla de votación impresa o virtual, frente a un 76% que no lo ha hecho.

Esta brecha entre el proceso electoral y los ciudadanos también se refleja en el conocimiento del sistema bicameral del Congreso. Si bien el porcentaje de quienes afirman saber la diferencia entre las dos cámaras —el Senado y la Cámara de Diputados— ha aumentado de 22% en enero a 40% en marzo, todavía el 60% reconoce que no distingue entre ambas instancias.
Aun así, el 55% de los encuestados indica que optará por utilizar el voto preferencial, mientras que el 30% adelanta que dejará en blanco los recuadros destinados a esta opción. Un 3% ya prevé anular su voto y el 12% aún no sabe cómo procederá.
Pero esta brecha de información podría tener también una dimensión más íntima. El 35% de los peruanos afirma que evita hablar de política con familiares o amigos, mientras que cuatro de cada diez señalan que, cuando el tema surge, suele estar marcado por tensiones o discusiones. Apenas el 21% dice que le gusta hablar de política.
El alto nivel de indecisión que caracteriza a este proceso electoral no responde a una sola causa. Uno de los factores más relevantes es la complejidad del propio sistema electoral. La reintroducción del Senado y la coexistencia de múltiples niveles de elección han elevado la exigencia informativa para los ciudadanos. En ese sentido, uno de los avances de las últimas semanas es el aumento en el conocimiento sobre la diferencia entre senadores y diputados. Sin embargo, este progreso es aún insuficiente, seis de cada diez peruanos todavía no logran distinguir la diferencia entre ambos.
El problema, además, va más allá del conocimiento puntual. Existe una desafección política profunda que limita el interés por informarse. Solo el 21% de los peruanos afirma que le gusta hablar de política con familiares o amigos. La política se ha convertido en un tema evitado, más asociado al conflicto que al intercambio de ideas. En este contexto, no solo hay menos conversación, sino también menos exposición a información relevante. Esto explica por qué las campañas informativas, aunque necesarias, no logran el impacto esperado.
A tres semanas de las elecciones, las brechas son evidentes. Apenas la mitad de los ciudadanos declara conocer la cédula de votación y la mayoría no sabe con claridad cómo emitir su voto. Son pocos los que han tenido la oportunidad de practicar o familiarizarse con el proceso. A ello se suma una percepción extendida de que la cédula es confusa, lo que incrementa la probabilidad de errores al momento de votar.
A pesar de este escenario, la expectativa de ejercer este derecho ciudadano se mantiene. Más de la mitad de los electores manifiesta su intención de utilizar el voto preferencial, un nivel similar al observado en elecciones anteriores. Sin embargo, esta disposición podría no traducirse plenamente en la práctica. La complejidad del sistema y las dificultades para comprender la cédula pueden terminar en votos nulos.
En un proceso electoral como el actual, el desafío no es que la gente vote, ya es obligatorio, sino cómo vota. La calidad del voto dependerá, en gran medida, de cuánto logremos reducir las brechas de información y facilitar la comprensión del sistema antes de llegar a las urnas.

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