Editorial: Exportando miserias

La designación de Richard Rojas como embajador en Venezuela demuestra que el gobierno siempre puede alcanzar nuevos sótanos de vergüenza.

    Editorial El Comercio
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    de El Comercio

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    "Rojas, como se sabe, había sido destinado inicialmente a Panamá. Sin embargo, el país centroamericano no aceptó su designación. Quizá para quitarse de encima la vergüenza que supuso ese desaire, el Ejecutivo decidió mandarlo a Venezuela". (Foto: Alessandro Currarino/GEC)
    "Rojas, como se sabe, había sido destinado inicialmente a Panamá. Sin embargo, el país centroamericano no aceptó su designación. Quizá para quitarse de encima la vergüenza que supuso ese desaire, el Ejecutivo decidió mandarlo a Venezuela". (Foto: Alessandro Currarino/GEC)
    / NUCLEO-FOTOGRAFIA > ALESSANDRO CURRARINO

    Las designaciones vergonzosas han sido una constante en este gobierno, prácticamente desde el primer día. Al nombramiento de Guido Bellido en la Presidencia del Consejo de Ministros, como sabemos, le siguieron otros como los de Héctor Béjar en Relaciones Exteriores, Ciro Gálvez en Cultura, Julián Palacín en el Indecopi y, últimamente, Luis Barranzuela en Interior. Sin embargo, esta semana el Ejecutivo ha superado su propia marca de desfachatez y ha elegido a Richard Rojas, exjefe de campaña de Perú Libre, embajador del Perú en Venezuela.

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