Nombramiento infame

“Los estándares del servicio público peruano ahora funcionan al revés. El presidente Castillo, al margen de su actuación inconstitucional en el caso, agregó un argumento más para sustentar una vacancia por incapacidad moral”.

    Ricardo Uceda
    Por

    Periodista

    Resumen

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    (Ilustración: Giovanni Tazza)
    (Ilustración: Giovanni Tazza)

    Cuando era difícil imaginar algo peor que María Caruajulca al frente de la Procuraduría General del Estado (PGE), el presidente Pedro Castillo y el ministro de Justicia, Félix Chero, la reemplazaron con un sancionado por ejercer en forma gansteril la abogacía. Javier León Mancisidor espanta hasta a los oficialistas. Vale preguntarse si el Gobierno necesitaba envilecer hasta tal punto la función pública. Ya la PGE era un cero a la izquierda en las investigaciones contra Castillo, ¿no era eso lo que más le interesaba? Pero pudiera haber otra lógica detrás del nuevo nombramiento. Por ejemplo, la idea de nombrar a alguien con mayor audacia que Caruajulca, quien atravesaba un período de entrampamiento dentro de la PGE. Alguien como León, que pudo asociarse con el narcotraficante Fernando Zevallos en la comisión de un fraude. Alguien más propicio a una organización criminal en el poder.

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