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Lourdes Fernández Calvo

Estrella acaba de cumplir 15 años. Los globos rosados de la fiesta sorpresa que le organizaron sus compañeras, aún lucen colgados del techo del comedor del albergue en donde vive desde hace unas semanas.

Estrella llegó bastante reacia y a la defensiva a esta villa cristiana evangélica, ubicada a varios kilómetros adentro de la carretera Iquitos-Nauta, en Loreto. De a pocos, ha tenido que acoplarse a vivir en un ambiente sin riesgos, en donde puede dormir sin tener miedo y en donde confiar no significa estar en peligro. No ha sido fácil. Ha tenido que empezar de nuevo (por segunda vez). Al menos, ahora ya no piensa en matarse.

“La tercera vez que me escapé de casa, fui con un grupo de amigas que se prostituían. Comencé a andar con ellas y me hicieron conocer a personas. Me involucré con ellas también en el mundo de las drogas. Necesitaba sobrevivir porque no tenía ni qué comer, así comenzó todo”, cuenta Estrella calculando sus palabras.

Así comenzó y aún no termina. Pasaron varias semanas antes de que Estrella se diera cuenta de que el novio de su amiga la estaba explotando sexualmente. Incluso, ahora, le cuesta aceptar que fue víctima de trata de personas y se culpa.

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