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Lo dramático es que, según las cifras económicas, también destacamos como el país más duramente golpeado. La semana pasada, el Banco Mundial publicó un informe (“Global Economic Prospects”) según el cual nuestro país tendrá este año la caída del producto más grande del mundo (-12%), solo detrás de Belice y las Islas Maldivas. Se dice que nuestra capacidad de “rebotar” también sería alta, por lo que aparecemos con una alta tasa de crecimiento proyectada en el 2021, entre las más altas del mundo.
Hay que mirar las cifras siempre con cuidado, pero parece claro que no solo destacamos como un país con muchos fallecidos, sino también por el impacto económico sufrido. Después del Perú, las mayores caídas del producto este año serían las de Brasil (-8,0), México (-7,5), Ecuador (-7,4%) y Argentina (-7,3); los países más grandes y Ecuador, fuertemente afectado por la caída en el precio del petróleo. Algunos de los menos golpeados son Panamá, Paraguay, Guatemala, Costa Rica y Uruguay; salvo Panamá, son también países menos afectados relativamente por la epidemia, y todas son economías relativamente pequeñas.
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Entre los países con caídas más grandes encontramos un manejo errático de la pandemia (Brasil, México) o una vulnerabilidad económica previa (Argentina y Ecuador, con serios problemas de endeudamiento). Nuevamente, el Perú parece enigmático: si tuvimos un mejor manejo de la epidemia, una situación fiscal sólida y abundantes reservas internacionales, ¿por qué un golpe tan fuerte? La caída en los precios de nuestros productos de exportación (entre ellos, el cobre), junto a lo estricto de nuestra cuarentena, sería el inicio de la explicación. Y las características de nuestra cuarentena se explican por la extrema precariedad no de nuestros indicadores macroeconómicos, sino de nuestro sistema de salud.
Mirando para adelante, tenemos que lograr una combinación tremendamente complicada: reanudar las actividades económicas para no perder más empleos y poder recuperarnos más rápido del tremendo golpe sufrido, y a la vez no empeorar nuestras muy malas cifras de infectados y fallecidos. Hacer viable lo que antes parecía incompatible. Lo aprendido en estos 96 días de cuarentena tiene que haber servido para algo…