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La mítica obra de Masami Kurumada sigue sumando momentos de alta tensión en su continuación oficial. Si te perdiste los últimos acontecimientos de la Saga del Cielo, aquí te traemos una cobertura detallada con lo más importante que ocurrió en el tercer capítulo de “Saint Seiya: Tenkahi-hen”.
El misterioso pasado de Seiya y la rutina junto a Shun
El capítulo inicia mostrándonos una faceta más cotidiana, pero llena de incógnitas, para los protagonistas. Seiya y Shun se encuentran trabajando arduamente en sus respectivas labores cotidianas: mientras el Santo de Pegaso apoya en la reparación del templo, Shun se ocupa de las tareas del campo junto a su burrito.
Sin embargo, la aparente tranquilidad es interrumpida por la frustración de Seiya. El caballero le confiesa a Shun su profundo deseo de ayudar a su hermana, Seika, pero se enfrenta a una gran barrera: sufre de amnesia. Seiya admite que lo único que recuerda con claridad es haber abierto los ojos y encontrarse en la tienda. A pesar de sus constantes intentos por averiguar la verdad, su hermana prefiere guardar silencio y evitar revelar qué fue lo que ocurrió exactamente antes de ese momento.
La inesperada aparición de Saori Kido y una extraña amenaza
La conversación entre los amigos se ve interrumpida abruptamente por un grito de auxilio. Se trata de Saori Kido, quien se encuentra rodeada por un peligroso grupo de humanos que actúan como zombies. Cuando Seiya y Shun se disponen a intervenir para rescatarla, un fenómeno asombroso paraliza la escena: un poderoso destello de energía emana directamente del cuerpo de Saori, logrando que los atacantes retrocedan de inmediato.
Mientras los protagonistas intentan procesar quién es esa enigmática joven y el origen de su poder, la situación empeora. Un grupo de espectros aparece de la nada y rodea por completo el lugar. Estos seres oscuros acorralan a Saori, exigiéndole que los acompañe.
El despertar del cosmos de Pegaso y el mensaje de Aioros
Fiel a su instinto protector, Seiya se interpone para defender a Saori. Aunque inicialmente es golpeado por los enemigos, el héroe nota algo extraño en sus movimientos y se cuestiona si siempre tuvo esa agilidad y ligereza para esquivar ataques. A pesar de esto, la superioridad numérica de los espectros se impone, logrando capturar tanto a Seiya como a Shun.
Es en ese momento de crisis cuando la verdadera fuerza surge desde el interior de Seiya. Una luz incandescente y un calor abrasador emanan de su cuerpo, quemando la mano del espectro que lo retenía. Con un grito cargado de determinación, Seiya eleva sus manos y expulsa una ráfaga de energía que manda a volar a los enemigos, dejando a Saori y al propio Shun completamente desconcertados.
Ante la inminente llegada de más espectros, Saori intenta advertirle que se detenga, pero Seiya ya ha comenzado a conectar con su naturaleza guerrera. Derrotando a los rivales a puño limpio, el protagonista comprende que este poder proviene directamente del fondo de su corazón y se eleva de forma infinita.
El clímax del capítulo llega cuando una voz resuena con fuerza en la mente de un confundido Seiya, revelándole el gran secreto: “¡Es el cosmos!”. Finalmente, el emotivo mensaje grabado por Aioros de Sagitario rompe la amnesia del héroe con unas palabras definitivas que marcan su destino: “Seiya recuerda, debes recordarlo, eres un guerrero, protege a la diosa Atena... ¡Eres un santo de Atena, Seiya de Pegaso!”.











