uno de los inviduos de Pristimantis nunezcortezi registrado en esta expedición. Foto cortesía : Germán Chávez.
uno de los inviduos de Pristimantis nunezcortezi registrado en esta expedición. Foto cortesía : Germán Chávez.

En una noche fría y húmeda de 2020, los investigadores Michael Gulman e Iván Wong detuvieron la camioneta que conducían por la carretera Sapalache-El Carmen, en el departamento de Piura, en la costa norte de Perú. Un sonido extraño llamó su atención, bajaron del auto y el canto los llevó hasta un pequeño acantilado a la orilla de la carretera donde un grupo de ranas cantaba. No estaban seguros de qué especie eran. Sonaban distinto, se veían distintas.

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“Se necesita bastante experiencia para reconocer los cantos porque a veces las diferencias son súper sutiles”, cuenta Gulman, al recordar el momento del hallazgo. De allí, la importancia de entrenar el oído que, según el investigador, es como si se tratara de música, solo que en este caso son cantos de reproducción que los machos realizan para aparearse.

Cinco años después, esas ranas se convirtieron en los primeros individuos colectados de Pristimantis chinguelas, una de las tres nuevas especies halladas por un equipo peruano en la Cordillera de Huancabamba, en Piura. Las otras dos son Pristimantis nunezcortezi y Pristimantis yonke.

Ejemplar de Pristimantis chinguelas, especie asociada a los bosques nublados de la Cordillera de Huancabamba. Foto: cortesía Germán Chávez
Ejemplar de Pristimantis chinguelas, especie asociada a los bosques nublados de la Cordillera de Huancabamba. Foto: cortesía Germán Chávez

La región en la que descubrieron a estas tres nuevas especies de ranas funciona como un corredor natural para la fauna que se desplaza desde la Amazonía hacia las tierras bajas del Pacífico y viceversa.

Karen Victoriano, una de las investigadoras que participó en la expedición, destaca que esta cordillera abarca bosque seco, páramos, bosques montanos, montañas y ceja de selva. “Eso es lo que la hace bastante enigmática”, resalta. La variedad de ecosistemas y su radicalidad entre la estación seca y la húmeda la convierten en un lugar difícil de recorrer.

“Si bien investigaciones previas han explorado varias áreas de esta región, gran parte de la Cordillera de Huancabamba permanece inexplorada”, resaltan quienes participaron del descubrimiento que fue plasmado en el estudio .

El reporte describe a las tres nuevas especies de ranas y resalta la importancia de hacer más investigación en el norte de Perú. Previo a esta exploración, solo se registraron cinco expediciones en la zona, cuyos hallazgos de 29 especies se publicaron en , , , y .

La Cordillera de Huancabamba, en Piura, ha tenido apenas cinco expediciones científicas. Foto: cortesía Germán Chávez
La Cordillera de Huancabamba, en Piura, ha tenido apenas cinco expediciones científicas. Foto: cortesía Germán Chávez

Por ello, Luis Castillo, director de la Asociación Herpetológica del Perú, quien no participó en la investigación, señala que la descripción de estas nuevas especies es clave y cobra mayor relevancia en un contexto de grandes amenazas a la biodiversidad, como la deforestación, los incendios forestales y el cambio climático.

“Si no las hubieran descubierto, estas especies se hubieran quedado en el olvido y nunca hubiéramos sabido de su importancia. Este es el primer paso para empezar a hacer conservación. Se necesitan muchas más personas que se enfoquen en taxonomía, descubriendo las especies para saber qué vamos a proteger”, resalta.

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Tres nuevas ranas para la ciencia

El descubrimiento de las tres nuevas ranas endémicas de la Cordillera de Huancabamba empezó como muchos de los grandes hallazgos en la ciencia: de casualidad.

El investigador principal Germán Chávez cuenta que en 2020, cuando se inició el proyecto, el objetivo principal era encontrar lo que se conoce como “especies pérdidas”. Es decir, un grupo de ranas que fueron descritas por última vez en los 80 y que desde entonces no se han vuelto a ver.

Los investigadores realizaron seis expediciones que se hicieron entre 2020 y 2024, en salidas de campo, con estadías que variaron entre cinco y veinte días. La rutina se repetía cada día: explorar por las noches, fotografiar y conservar a las especies recolectadas por las mañanas e identificar nuevos parches a explorar por la tarde.

Los científicos han entrenado sus oídos para escuchar y diferenciar el canto de las ranas. Foto: cortesía Germán Chávez
Los científicos han entrenado sus oídos para escuchar y diferenciar el canto de las ranas. Foto: cortesía Germán Chávez

El resultado de este trabajo realizado por ocho científicos se publicó en junio último, en la revista científica . Allí, los autores recomiendan que las tres nuevas ranas ingresen a la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), bajo la categoría de Datos Insuficientes.

“Es muy aventurado pensar que están en Peligro Crítico o en estado Vulnerable porque, hasta el momento, solo hemos encontrado machos y básicamente hemos hecho un registro de la especie. Creo que todavía no tenemos los datos para [determinar] eso”, señala el autor principal.

Ejemplar de una rana marsupial del género Gastrotheca, registrada como parte del trabajo de campo. Aún en estudio, pendiente de publicación científica. Foto: cortesía Germán Chávez
Ejemplar de una rana marsupial del género Gastrotheca, registrada como parte del trabajo de campo. Aún en estudio, pendiente de publicación científica. Foto: cortesía Germán Chávez

Una rana muy adaptable

En un principio, el hallazgo de la Pristimantis Chinguelas llamó la atención de los investigadores por su particular canto. Esa primera vez no contaban con los instrumentos para grabarlo, así que dos años después, con la pandemia más controlada, los científicos volvieron al lugar con el objetivo de capturar esos sonidos.

“Fuimos con Iván al sitio donde recordaba haber escuchado a las ranas. Escuchamos los cantos y los grabamos. Esa grabación la cuidamos como oro porque el canto es una prueba importante también [de que se trata de una especie nueva], porque las ranas han evolucionado para no cruzarse en cantos entre especies”, explica Chávez.

La segunda visita sirvió también para recolectar nuevos individuos y describir características que las distinguen, como su iris dorada, una marca negra que atraviesa su dorso como si simulara ser una cicatriz elevada, y protuberancias sobre su piel.

Gran parte de la Cordillera de Huancabamba se encuentra prácticamente inexplorada. Foto: cortesía Germán Chávez
Gran parte de la Cordillera de Huancabamba se encuentra prácticamente inexplorada. Foto: cortesía Germán Chávez

En esa salida, también conocieron el estado de conservación del hábitat. La zona se encuentra al lado de la carretera Sapalache–El Carmen, que había sido recientemente ampliada, y a 2849 metros sobre el nivel del mar. Y las ranas estaban cantando sobre una vegetación que creció entre el desmonte de polvo y arena arrojado al acantilado.

Es una vegetación impactada y parece que la especie tiende a ser bastante adaptable. No creo que se adapte a un derrumbe ni a que le tiren un volquete de desmonte, eso los va a enterrar y dejar secos. Pero sí se puede adaptar a la vegetación que va creciendo otra vez”, resalta Chávez.

Luego de recopilar toda la información y confirmar que se trata de una nueva especie, hubo consenso entre los científicos: la rana debía llevar el nombre del lugar donde fue encontrada, el Cerro Chinguelas.

Los científicos iniciaron la expedición con el objetivo de encontrar lo que se conoce como «especies perdidas». Foto: cortesía Germán Chávez
Los científicos iniciaron la expedición con el objetivo de encontrar lo que se conoce como «especies perdidas». Foto: cortesía Germán Chávez

Sobrevivir en parches de vegetación

La misma noche que grabaron el canto de P. chinguelas, los investigadores decidieron continuar su caminata rumbo a una quebrada no explorada. La zona en la que encontraron a la segunda nueva especie, P. nunezcortezi, era un parche de vegetación formado por árboles de 15 metros de altura y arbustos dispersos con fincas a su alrededor.

“Era lo último de relicto de bosque que podíamos encontrar antes de que empezaran las chacras hacia las comunidades”, cuenta Chávez.

El investigador narra que junto a la quebrada vio unos ojos que brillaban sobre una planta gigante. Con cuidado, el científico tomó la hoja de la punta y la acercó. Al ver a la rana rojiza con la ingle negra, notó la semejanza con otra especie ya conocida (P. cryptomelas), pero no estaba totalmente convencido, así que la capturó y la llevó consigo.

Su interacción con este pequeño anfibio del tamaño de una mano lo alejó del grupo, por lo que apresuró su paso para incorporarse al equipo. Cuando llegó, se topó con la coincidencia de que sus dos compañeros también habían capturado otro individuo exactamente igual al suyo. “Esa es una de las especies más misteriosas que hemos descrito porque son solo dos individuos machos en esta quebrada. No conocemos a la hembra ni tampoco el canto”, detalla.

Una rana Atelopus eusebiodiazi, especie críticamente amenazada, registrada tras más de 40 años sin reportes. Su hallazgo formó parte del objetivo inicial de la investigación en la cordillera de Huancabamba. Foto cortesía: Germán Chávez.
Una rana Atelopus eusebiodiazi, especie críticamente amenazada, registrada tras más de 40 años sin reportes. Su hallazgo formó parte del objetivo inicial de la investigación en la cordillera de Huancabamba. Foto cortesía: Germán Chávez.

En este caso, tampoco hubo mayor discusión dentro del equipo sobre el nombre de la nueva especie: coincidieron en que debía rendir homenaje a Elio Núñez Cortez, el guía de la Cordillera de Huancabamba que fue clave para recorrer ese territorio poco conocido.

“Él es de Piura, es quien ha hecho posible visitar la zona y es una de las personas que más ama la Cordillera de Huancabamba. Lo que pensé es cuánta gente hay así en un montón de investigaciones y nunca son reconocidos como deberían. Por ejemplo, el guía que acompañó a Hiram Bingham a Machu Picchu. ¿Quién sabe su nombre? Nadie. Eso es desmerecer a personas que son claves”, aclara el investigador principal.

Gulman, por su parte, destaca el papel que tuvo Elio al conocer a mucha gente local, contar con su confianza y ser querido por las personas de la zona. “Esa confianza de los locales es imperativa para poder realizar estos estudios”, subraya.

La rutina de búsqueda de las ranas se repetía cada noche. Foto: cortesía Germán Chávez
La rutina de búsqueda de las ranas se repetía cada noche. Foto: cortesía Germán Chávez

Del tamaño de una uña

La tercera rana es una especie que estuvo presente en cada expedición. “Ha sido una especie que hemos visto recurrentemente. Es mucho más común, por lo que nunca nos dimos cuenta realmente que era nueva”, recuerda el autor principal Chávez.

P. yonke es la rana más pequeña de las tres. Victoriano la describe como del tamaño de su uña y con una forma ligeramente aplanada. La rana que fue encontrada dentro de bromelias tiene una similitud con una especie de Ecuador (P. morlaco). Además, durante un tiempo, Chávez tuvo miedo de que fuera una especie que sus colegas herpetólogos habían encontrado en el sur de Perú.

“Lo primero que hice fue decirles ‘oye, yo creo que tengo lo mismo que tú’ y me dijeron ‘Sí, se parecen’. Estuvimos conversando y al final dijimos ‘Bueno, esto lo resolvemos con genética’», cuenta.

Es así que luego de tomar muestras de los muslos de las ranas y secuenciarlas, comprobaron que tenían una especie totalmente nueva y endémica de la Cordillera de Huancabamba.

Un Pristimantis yonke, observado en ambientes húmedos de la Cordillera de Huancabamba durante el trabajo de campo. Foto: cortesía Germán Chávez
Un Pristimantis yonke, observado en ambientes húmedos de la Cordillera de Huancabamba durante el trabajo de campo. Foto: cortesía Germán Chávez

Luego de esa esperada confirmación, venía el reto de encontrarle un nombre. Todos optaron por homenajear a una bebida que estuvo presente en cada salida de campo: el yonke, un aguardiente hecho a base de caña de azúcar.

“Nadie se ha dado cuenta de lo importante que es el yonke en todas las expediciones. Todos los guías locales en el norte siempre llevan yonke porque la creencia es que nos mantiene calientes cuando caminamos por las crestas que tienen bastante viento y donde hace frío”, detalla Chávez.

El equipo de investigadores se prepara para iniciar una nueva expedición en febrero de 2026, en busca de nuevas especies o, inclusive, más individuos de las nuevas que ya han encontrado. El reto es explorar una nueva zona de la cordillera donde nunca antes han estado y con difícil acceso por un conflicto socio-ambiental existente entre la comunidad local y los propietarios de la mina Río Blanco.

Una escena de los arduos recorridos en la Cordillera de Huancabamba realizados por los científicos. Foto: cortesía Germán Chávez
Una escena de los arduos recorridos en la Cordillera de Huancabamba realizados por los científicos. Foto: cortesía Germán Chávez

Aunque los investigadores no tienen vínculo alguno con el proyecto minero, ha sido complicado ingresar a esta área de bosque. “Hemos tenido que coordinar mucho con la gente para poder hacerles ver que nuestra intención es ir, explorar y conocer qué es lo que existe ahí. En verdad, estoy emocionado. Ojalá todo salga bien”, dice Chávez, con anhelo.

Imagen principal: uno de los inviduos de Pristimantis nunezcortezi registrado en esta expedición. Foto cortesía : Germán Chávez.

REFERENCIA:

Chávez G, Aznaran W, Wong I, Victoriano-Cigüeñas KY, García-Ayachi LA, Valencia-Málaga JD, Ormeño JR, Gulman M, Sumiano-Mejía R, Thompson ME, Catenazzi A (2025) Over the top: Three new species of terrestrial breeding frogs (Anura, Terrarana, Pristimantis) from the highlands of the Cordillera de Huancabamba, northwestern Peru. Evolutionary Systematics 9(1): 145-166.

El artículo original fue publicado por en Mongabay Latam. .

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