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"The Walking Dead": el doloroso génesis de los zombies - 2
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"The Walking Dead": el doloroso génesis de los zombies - 2
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Dicen que Edgar Allan Poe pudo haber sido el primero en escribir un cuento en el que aparece un zombi. A finales del siglo XIX, “El caso del señor Valdemar” ya ponía la piel de gallina a los lectores contando la historia de un hombre enfermo terminal de tuberculosis, quien en su agonía accede a que experimenten con él y, bajo los efectos del mesmerismo, es mantenido con vida por siete meses después de su muerte, durante los cuales no presenta pulso ni respira, pero sí reacciona ante estímulos con gemidos indecibles y hasta es capaz de decir, con una voz de sonido “áspero, desgarrado y hueco”, frases como: “Sí, no he dormido…, y ahora, ahora estoy muerto”.

El relato saltó de las páginas a la pantalla grande más de un siglo después gracias al cineasta estadounidense George A. Romero, en los noventa, tiempo después de estrenar sus aclamadas “Night of the Living Dead” (1968) y “Dawn of the Dead” (1978), películas consideradas como el origen del zombi tal cual lo conocemos: el muerto viviente, el caminante, el comecerebro. Stephen King dijo que el estadounidense prácticamente le tiene miedo a todo, así que podemos decir que las historias de zombis, desde ese entonces, se dedicaron a representar sus problemas y temores de cada época: el racismo, el consumismo (la segunda cinta de Romero toma lugar, simbólicamente, en un centro comercial), entre otros.

En la serie de Fox “”, Robert Kirkman –confeso seguidor del cineasta– le da un nuevo matiz al ahora llamado fenómeno zombi: su serie no se centra en los muertos o en el lugar que habitan sus protagonistas, sino que plantea a sus personajes potentes dilemas morales. El reflejo perfecto de una sociedad que parece estar sumergida precisamente en una crisis de valores.

¿Cómo así una figura extremadamente hostil y terrorífica como la de un zombi pasó de asustarnos a hacer que esperemos con ansias su reaparición en la pantalla chica? La paradoja existe: a pesar de las diversas lecturas que podemos darle a “The Walking Dead”, llama la atención que el fenómeno zombi haya tenido tal impacto en la cultura popular alrededor del mundo y que al mismo tiempo su origen, ligado fuertemente a la esclavitud, haya quedado en el olvido. “Los zombis, tal como están representados en series como ‘The Walking Dead’, son un ejemplo interesante de cómo la cultura occidental ve al pobre, al trabajador, a las masas”, explica a El Comercio Amy Wilentz, escritora y catedrática de la Universidad de California y autodenominada ‘zombista’. Años de investigación, de los cuales resultaron cuatro libros editados en Estados Unidos, llevaron a Wilentz a determinar que el país de nacimiento del “verdadero zombi, el muerto viviente” es Haití. “La figura del zombi es tan fuerte en Haití por su historia –sostiene Wilentz–, aquella que tiene que ver con los esclavos que trabajaban en la industria azucarera cuando la isla era colonia de Francia”.

La historia es trágica: una de las primeras cosas que aprendieron los esclavos en su situación de total dependencia fue a usar veneno para suicidarse. La muerte era mejor que la esclavitud para muchos.

El muerto viviente hollywoodense, al cual hoy en día vemos de manera tan natural –caminata zombi de por medio–, tuvo un origen desgarrador: es producto del miedo a dejar de ser libre. “Era terrible ser esclavo, pero peor era descubrir que, una vez muerto, seguirías siendo dominado por un amo. Este es el temor que dio origen a al zombi estadounidense”, dice Wilentz.

Actualmente, en Haití, la imagen del zombi continúa siendo importante, sobre todo en ciudades del interior del país. Está arraigada en su cultura tanto como viene posicionándose en el mundo la figura del muerto viviente cinematográfico. Las diferencias son notorias: para ellos se trata de una figura marginal y representa el temor de volver a ser esclavos aun después de morir; para nosotros es simple entretenimiento y la oportunidad de ver lo más bajo del ser humano ante el fin del mundo. Wilentz pone el tema en perspectiva: “Obviamente ‘The Walking Dead’ es una serie de terror más, aunque combine un viejo e infame estereotipo acerca de las religiones africanas: que sus sacerdotes participaban en rituales caníbales”.

—El eterno muerto viviente—

A pesar de todo, el mundo volverá a rendirse ante los muertos vivientes esta noche. Curiosamente, lo más atractivo del arranque de la séptima temporada de “The Walking Dead” no tiene que ver con los muertos, sino con los vivos: el villano Negan matará a uno de los integrantes del grupo protagonista. Llevamos meses esperando. El morbo al máximo.

“El zombi es la degradación total”, afirma Rafael Arévalo, cineasta peruano autor del largometraje sobre muertos vivientes “El año del apocalipsis”. “Es como un villano, que somos nosotros mismos, pero llevados a la mínima potencia. En una producción de zombis, el equipo sobreviviente siempre termina boicoteándose muy fácilmente, pero la horda de muertos siempre es solidaria, trabaja para un fin común”, afirma.

Arévalo, seguidor del cómic de “The Walking Dead” y de sagas cinéfilas del género, nos recuerda otro dato interesante: la serie de Kirkman es la primera en explorar el fenómeno zombi sin tener un final claro. “Todas las películas de zombis tienen un final, pero esta es la primera producción que saca nuevos temas y escenarios conforme avanza su historia. Kirkman ha dicho que el cómic no tiene un final a la vista”, recuerda. 

Como los zombis, estas producciones siempre regresarán de la muerte.

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