Resumen

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Odalis:Que te falte algo no es impedimento para hacer las cosas
Odalis:Que te falte algo no es impedimento para hacer las cosas
Por Redacción EC

Lizzy Cantú

Odalis Piélago ha sido profesora la mitad de su vida. Aunque, como enseña Matemática, ella diría que eso es ligeramente inexacto: la mujer tiene 45 años y 22 de experiencia docente. Todas las mañanas alista a sus hijas menores y va con ellas a Esperanza y Caridad. Allí se quedan hasta las tres de la tarde. La política del colegio es que los profesores no pueden enseñar a sus hijos, así que jamás tendrá en su salón a ninguno de los tres hijos Pandal Piélago que han pasado por Esperanza y Caridad: Franze (18); Fernanda (14); y Jimena (8). El mayor, Franze, se graduó hace dos años, pero aún se habla de él en el colegio: se dice que es un excelente bailarín, que tenía notas envidiables y que ingresó en el puesto 14 a la FAP.  Todos recuerdan el día en que Franze se apareció en el colegio con su uniforme para enseñarles que había conseguido un galón en su primer año en la FAP: «Es un caballerito», dice Rochi Gazzo. «Casi muero de la sorpresa», agrega Titi Bringas. «Ese chico puede llegar adonde sea si tiene quien lo apoye», completa Gazzo.

La profesora Piélago nació en Huánuco y fue buena estudiante en el colegio estatal Rosa Dominga Pérez Liendo en Santa Catalina; al graduarse se inclinó por la computación, en una época en la que se enseñaba programación y Lotus. Su padre –un agricultor de la zona de Tingo María– la animó a que se convirtiera en profesora. 

Piélago enseña Matemática a partir del sexto grado y acompaña a los chicos de secundaria hasta que se gradúan. Empieza a dictar a las ocho en punto, después de volver del comedor: «Acá se les da el desayuno además de la educación, y eso no sucede en todos lados», dice Piélago. Sus asignaturas favoritas son la aritmética y la geometría, y que esta última -con sus ángulos y sus polígonos y sus circunferencias y parábolas- le parece divertida. A sus estudiantes les parece que es complicada, igual que el álgebra, pero ella intenta demostrarles con paciencia que no es así. Mientras recorre las aulas pintadas de azul intenso, mostrando los afiches que indican horarios, instrucciones, frases de inspiración, ella dice: «Acá a veces nos hacen falta cosas, pero nosotras nos ingeniamos. Hacemos maravillas». Como le gustan las manualidades, también dirige el taller de arte. Los chicos aprenden distintas técnicas –dibujo a lápiz, collage, punteado– y, a fin de año, muestran sonrientes a las socias de Esperanza y Caridad sus mejores trabajos: «Las socias se dan sus escapadas y vienen a verlos. Son muy cariñosas y están pendiente de ellos. Los estimulan a seguir adelante», agrega la profesora. Para Odalis Piélago, egresada de la Universidad Garcilaso de la Vega, Esperanza y Caridad no es el empleo que ha tenido en los últimos cinco años, ni una mención más en su currículo. Es la oportunidad de ver crecer a sus hijos. Antes, cuando enseñaba en otro sitio y sus hijos iban a un colegio diferente, se perdía las funciones del Día de la Madre, del Día de la Juventud, de los Juegos Florales. Así que el día que vio un anuncio en el colegio, tocó la puerta, llevó su expediente: «Trae a tus hijos acá, no hay ningún problema». Nunca más ha vuelto a perderse las actuaciones de sus hijos.