RONALD WOODMAN GALARDONADO EN EE.UU.

Un científico peruano que destaca

"El IGP envió a once jóvenes científicos para prepararse en EE.UU. y sacar su doctorado. Entre ellos estaba Ronald Woodman"

Por Modesto Montoya, Físiconuclear

Una llamada de Estados Unidos me anuncia que el físico doctor Ronald Woodman, presidente del Instituto Geofísico del Perú (IGP), acaba de ser incorporado a la Academia Nacional de Ciencias del Estados Unidos, institución a la que pertenecen los más prestigiosos científicos del mundo.

La carrera científica del doctor Ronald Woodman --quien tiene numerosos premios-- está estrechamente ligada a la historia del IGP, la que muestra cómo se puede hacer ciencia con la colaboración internacional. Todo se inicia con el interés de la Carnegie Institution sobre el estudio del magnetismo terrestre, para lo cual se necesita hacer mediciones en lugares estratégicos de la tierra y consideraba muy importante el tener un magnetómetro en el ecuador magnético. Así empieza el Observatorio Magnético de Huancayo, fundado en 1922 y transferido al Gobierno Peruano en 1947, año en que se crea el Instituto Geofísico de Huancayo, bajo la responsabilidad de Alberto Giesecke y Mateo Casaverde.

Para entonces, el instituto tenía una ionosonda y sismómetros y empieza a crecer en instrumentación. El gran salto se produjo en el año 1957, Año Geofísico Internacional. Hubo entonces una expansión mundial en mediciones geofísicas globales. Huancayo se convierte en un imán para una serie de actividades. Allí empieza el interés en comunicaciones transecuatoriales. Se construye un local en Ancón, por la necesidad de información que ayude primero a los satélites rusos (el Sputnik es puesto en órbita ese año), y después a los norteamericanos. En Ancón se instala instrumentación de rastreo y telemetría. El año 1960, el National Bureau of Standards (NBS) de Estados Unidos construye el Radio Observatorio de Jicamarca. El IGP envía a once jóvenes científicos para prepararse en Estados Unidos y sacar su doctorado. Entre ellos estaba Ronald Woodman, Pablo Lagos, Jorge Heraud, H. Montes, Hernán Huaco y Leonidas Ocola. Woodman regresó en 1967. El año 1969, los investigadores estadounidenses se fueron y regalaron el observatorio al Gobierno Peruano. Al comienzo no había dinero para operarlo, pero luego los estadounidenses consiguieron fondos para hacerlo funcionar.

El financiamiento de Jicamarca siempre viene de Estados Unidos. Primero fue de la NBS , luego de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration ), y después de la National Science Foundation (NSF). El observatorio es considerado una "facilidad nacional", al servicio de los científicos norteamericanos interesados en el estudio de la atmósfera. La NSF financia Jicamarca a través de la Universidad de Cornell.

El trabajo de Jicamarca es parte de la iniciativa de observatorios distribuidos para estudiar la Tierra en forma global, con tecnologías avanzadas y equipos colocados en diferentes partes del mundo, midiendo magnitudes propias del comportamiento de la Tierra. La memoria sobre el registro de un fenómeno depende de las condiciones a escala global. Una de las tecnologías para observar la alta atmósfera es la tomografía usando señales de satélites. La demora en la llegada de una señal depende de la cantidad de electrones libres de la columna de atmósfera que atraviesa. Este es el parámetro que se puede medir con varias estaciones y varios satélites a la vez, muchos de ellos con sistemas GPS. De esa manera, con lo que se observa en varios lugares, se deduce el comportamiento de la ionósfera. Buena parte de esta red está constituida por 40 estaciones GPS instaladas en el continente latinoamericano. El centro de operaciones de este "observatorio distribuido" estará en el Perú, el que se encargará de la logística, la instalación y también del procesamiento. Aparte de los 40 GPS, habrá cinco ionosondas, las que juntas con Jicamarca permitirán medir las características de la ionósfera desde varios puntos. Los datos de Jicamarca servirán para ajustar el modelo y saber cómo se comporta la ionósfera en las longitudes en las que nos encontramos.

En segundo de media a Woodman le encantó un libro de álgebra en inglés, que le regaló su padre. Luego, un 20 en matemáticas lo estimuló. "Me enganché con las matemáticas, que requerían no dejar de estudiar, porque todo está encadenado. Si uno afloja un capítulo pierde el paso y lo que viene le parece 'chino'. Es un estímulo, además, ser bueno en algo y ser reconocido por ello". Es un ejemplo para los jóvenes peruanos.