Durante la modernización de Lima y de todo el Perú en la década de 1920, la delincuencia también se puso a “trabajar”. Empezó a replantear sus deleznables objetivos y, de alguna forma, los malhechores se volvieron más avezados, audaces y descarados. (Foto: GEC Archivo Histórico)
Durante la modernización de Lima y de todo el Perú en la década de 1920, la delincuencia también se puso a “trabajar”. Empezó a replantear sus deleznables objetivos y, de alguna forma, los malhechores se volvieron más avezados, audaces y descarados. (Foto: GEC Archivo Histórico)
Por Carlos Batalla

Durante la modernización de Lima y de todo el Perú en la década de 1920, la delincuencia también se puso a “trabajar”. Empezó a replantear sus deleznables objetivos y, de alguna forma, los malhechores se volvieron más avezados, audaces y descarados. En tanto, los aun llamados “bandoleros” no dejaron todavía de acechar los caminos y las salidas de la capital, tanto hacia el norte, sur y centro del país.

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