Lionel Messi. (Foto: AFP)
Lionel Messi. (Foto: AFP)
Pedro Ortiz Bisso

La noticia de que Lionel Messi quiere dejar el Barcelona ha permitido que millones de personas conociéramos la existencia del burofax, que no es ese aparatito ronroneante que los viejos periodistas usábamos para enviar nuestras crónicas cuando salíamos de la ciudad, sino un servicio usado en España que permite el envío urgente de documentos con efectos legales para casos de litigios.

¿Por qué se quiere ir Messi? Ayer algunos periodistas de “La Oral deportiva”, que dirige Martín Liberman -uno de los detractores más conocidos de la ‘Pulga’-, creían que era un truco para forzar la renuncia del presidente del club, Josep Maria Bartomeu.”Ya hizo lo mismo cuando dijo que no iba a jugar más por la selección”, dijeron, sin una pizca de ironía.

Leonardo Faccio, biógrafo de la ‘Pulga’, considera que la decisión de Messi obedece a que los dirigentes le ofrecieron un proyecto sin un “componente emocional”.

Tras desprenderse de Luis Suárez –amigo del alma del rosarino- como quien desecha una camisa vieja, la dirigencia trató “de pactar algo sin darle nada a cambio, y no hablo de dinero, sino de que el proyecto tenga un factor emocional que lo haga quedarse. Esta fue la respuesta de Messi ante ese pragmatismo”, declaró en RPP.

La frontalidad del nuevo míster, el holandés Ronald Koeman, colaboró con ese clima gélido. Es también, cómo dudarlo, un duelo de poderes.

Los problemas internos del Barcelona no son nuevos. De ellos se lleva hablando años, aunque sin la hondura suficiente porque la magia de Messi alcanzaba para maquillar las fisuras. Hasta que llegó el fatídico 2-8 ante el Bayern que terminó por quebrar ese frágil piso de cristal.

El Barza necesita un revulsivo. Sus verdaderos problemas están más allá de la línea de cal. Además de haber comprado caro y mal, la caída de ingresos por la pandemia lo ha puesto al borde del hoyo financiero. Según el diario “El País”, con 392 millones de euros al año, tiene la plantilla más cara de Europa. El 70% de esa suma es absorbida por seis jugadores cuyo promedio de edad bordea los 32 años: Messi, Griezmann, Suárez, Busquets, Piqué y Alba.

Quien debe dar explicaciones de este descalabro es el señor Bartomeu. Que el mejor jugador del mundo haya decidido dejar de esa manera la que ha sido su casa desde la adolescencia, casi tirando la puerta, es entera responsabilidad suya. No hace falta un burofax para saberlo.

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