Aunque el lector de “Crónica de una Muerte Anunciada” de Gabriel García Márquez sabe desde un inicio que el personaje de ficción, Santiago Nasar, dueño de la Hacienda Divino Rostro, iba a morir (o ya había muerto), el suspenso peculiar que emana de su lectura hace justamente de esta pieza literaria toda una delicia de principio a fin. No tan delicioso es, sin embargo, la otra “crónica anunciada” de la recesión económica en el Perú, en el que todos los analistas económicos sabían con certeza que estábamos bien sumidos en ella desde mediados de año, aunque el gobierno lo negara en todas sus formas. Hoy, sin embargo, habiendo llegado a la “última página de la novela”, no les queda más que reconocer que “el pollo no estaba vivo, sino muerto”, como diría nuestro ex filósofo presidencial.