El vapor Coya en los años 60, del siglo pasado, acoderado en el lago Tititcaca, junto a un terminal del Ferrocarril del Sur. Foto: Kathy Redington
El vapor Coya en los años 60, del siglo pasado, acoderado en el lago Tititcaca, junto a un terminal del Ferrocarril del Sur. Foto: Kathy Redington
/ Kathy Redington
Por Héctor López Martínez

En octubre de 1889, luego de largas negociaciones y encendidas polémicas políticas donde destacó la férrea resistencia en contra del arreglo económico de un grupo de diputados liberales, el gobierno del general Andrés A. Cáceres firmó un contrato con los tenedores ingleses de bonos de la deuda externa del Perú, cuyo monto ascendía a 51 millones de libras esterlinas, producto de los empréstitos, más intereses, otorgados a nuestro país en 1869, 1870 y 1872, dinero que se empleó principalmente en la construcción de ferrocarriles. De acuerdo a la solución encontrada, nuestros ferrocarriles fueron entregados por un lapso de 66 años, además de otros pagos de variada naturaleza. Los tenedores de bonos, representados por Miguel Grace, formaron inmediatamente en Londres la “Peruvian Corporation” que se hizo cargo del material rodante y de toda la infraestructura ferrocarrilera estatal de nuestro país.

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