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[Entrevista] Federico Falco: “Hay que sacar al cuento de ese lugar predecible”

El escritor argentino llegará a Lima para participar en el Festival de la Palabra PUCP, entre el 20 y el 22 de octubre.

Federico Falco

En 2004 recibió la distinción Cabeza de Vaca del del Centro Cultural España-Córdoba por ser el creador joven destacado en el área de Literatura. [Foto: Verónica Maggi]

En el 2004 recibió la distinción Cabeza de Vaca del del Centro Cultural España-Córdoba por ser el creador joven destacado en el área de Literatura. [Foto: Verónica Maggi]

Verónica Maggi



En el 2010, la revista Granta lo seleccionó como uno de los 22 mejores narradores menores de 35 años en español. Y aunque Federico Falco (Córdoba, Argentina, 1977) ha incursionado en diferentes géneros como la poesía, la novela breve y el teatro, es reconocido, ante todo, como un excepcional cultor del relato, del cual ha publicado los libros 222 patitos (2004), 00 (2004), La hora de los monos (2010) y Un cementerio perfecto (2016), nominado al Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. Falco participará en el Festival de la Palabra PUCP (del 20 al 22 de octubre), en el que, además, ofrecerá un taller de escritura creativa enfocado en la imagen del narrador.

Tus cuentos están llenos de imágenes poderosas. ¿Cuando escribes lo haces desde una perspectiva más visual que conceptual, digamos?
Es algo que me interesa muchísimo como espectador y que me marca a la hora de escribir ficción. No sé si necesariamente me siento a escribir pensando en una perspectiva visual. A veces, el origen de la historia está en un tema que me interesa, un núcleo más cercano a lo conceptual. Pero sí estoy seguro de que mientras escribo ‘necesito ver’ lo que está pasando, necesito armar en mi cabeza el espacio donde transcurre la acción, los escenarios, los paisajes. Y, por lo general, hasta no encontrar una imagen que ate los conflictos del cuento y concentre los sentidos, no me siento satisfecho.

Dices que escribes en contra de la forma clásica de los cuentos. ¿Cuál es esa?
No necesariamente escribo “en contra” de las formas más clásicas o tradicionales, pero sí intento estar muy atento como para, por lo menos, evitarlas. Cuando digo “formas clásicas”, me refiero al cuento de final cerrado, con introducción, nudo y desenlace, resolución sorpresiva y clímax con vuelta de tuerca impactante. Ese cuento que Cortázar llamaba “el que gana por knock out”. Y no es que tenga nada en contra este tipo de cuento, pero me parece una estructura que tal vez en otra época fue válida y representativa de cómo se veía —y se pensaba— el mundo. Son cuentos que, más allá del efecto que provoquen, a nivel formal calman la ansiedad, porque proyectan una imagen ordenada del mundo: lo perturbador queda encapsulado, el final le da un sentido a la trama, la tensión se resuelve en una explosión. Tal vez por eso, hoy por hoy, es una estructura que fue apropiada por el cine y la literatura más comercial, la publicidad, el mercado. Una forma que de tan repetida tenemos interiorizada y se ha vuelto fácil de digerir: no nos obliga a pensar, ni nos incomoda, sino que nos amodorra, nos tranquiliza y nos ofrece fantasías para que compremos y consumamos.

La hora de los monos, de Federico Falco

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SALTO DE PÁGINA

La hora de los monos
Federico Falco
Editorial: Salto de pagina
Páginas: 224
Precio: S/ 70,00

Por otro lado, la forma más clásica de la narración no hace más que coartar la posibilidad de redefinir qué es un cuento, traza límites, anula la libertad de exploración y experimentación dentro del género. En general, cuando un lector dice “eso no es un cuento”, lo que está diciendo es que ese cuento no encaja con la forma tradicional. En ese sentido, creo que hay que sacar al cuento de ese lugar anquilosado y predecible, ya que puede ser muchísimas cosas, con muchísimas formas, estructuras y conflictos. Solo hay que darse la libertad para explorar esos otros territorios.

Tu universo textual es liminar. Este se presenta como una propuesta en apariencia realista, pero descubrimos ciertos elementos inquietantes que lo acercan al lo fantástico; sin embargo, tu escritura no se inserta en esa tradición.
En general, doy por descontado que el lenguaje nunca puede dar cuenta de las cosas, que las palabras son etiquetas en las que más o menos nos ponemos de acuerdo para nombrar algo, pero que en realidad la experiencia en sí se resiste a ser reducida a una palabra. Cada uno vive y nombra sus experiencias desde su propio lugar, desde su historia, la de su familia y su comunidad, su propia escala de valores. Entonces las preguntas de qué es real y qué no lo es se desactivan.

Federico Falco

Federico Falco dictará el taller "Narradores y puntos de vista" el 20 de octubre en Centro Cultural PUCP. [Foto: Vero Maggi]

Federico Falco es licenciado en Ciencias de la comunicación por la Universidad Blas Pascal y en el 2002 fundó la revista literaria digital "Fe de Rata". [Foto: Vero Maggi]

Vero Maggi

Para mí lo importante a la hora de escribir es escaparme a un determinado mundo y pegar mi sensibilidad a la de un personaje: imaginar cómo vive, cómo reacciona, cómo siente, cómo se comunica. Si las cosas que pasan en ese mundo son de corte más realista o más fantástico, por lo general, es algo que a los personajes no les importa. Es su mundo, el lugar donde se mueven, tiene sus propias reglas y ellos lo ven y lo experimentan desde un lugar personal y único, y lo ponen en palabras como pueden. Las preguntas por el realismo o el fantástico, por lo verosímil, por lo maravilloso, son preguntas que vienen del afuera, de una necesidad de separar las cosas, de organizarlas en cajones diferentes, como para quedarse tranquilo. No son preguntas que provengan de los personajes: ellos solo están inmersos en peripecias, y sus preocupaciones son cómo atravesarlas y salir adelante.

Un cementerio perfecto está lleno de vida (vegetación, naturaleza) y, a la vez, de muerte y melancolía. ¿A qué se debe este contraste?
Mis abuelos maternos fueron muy importantes para mí: vivieron toda su vida en el campo y, cuando yo era chico, pasé mucho tiempo con ellos. El campo de mis abuelos es uno de los lugares que más quiero, y para mí es sinónimo de completa felicidad. Mi abuelo falleció mientras escribía este libro. Ya era muy anciano y, en sus últimos años, aunque seguía esforzándose por mantener todo en orden, las fuerzas ya no le alcanzaban y, de a pocos, la entropía natural de las cosas comenzó a comerse espacios, zonas, paisajes. Pequeños derrumbes a los que todos fuimos acostumbrándonos. Este libro fue, de alguna manera, la forma que encontré para procesar todo eso. La añoranza y la melancolía por un lugar que cambia o desaparece, el duelo por su muerte; y también la alegría, el amor por la vida, por la naturaleza con que mi abuelo vivía. Creo que un poco todo eso está en el libro. Eran los motivos y los temas que en ese momento me llenaban.

Un cementerio perfecto

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Eterna Cadencia

Un cementerio perfecto
Federico Falco
Editorial: Eterna Cadencia
Páginas: 176
Precio: S/ 71,00

Hace nueve años publicaste tu segundo poemario, Made in China. ¿Piensas volver a la poesía?
No lo sé. No es un plan trazado, pero ya aprendí que lo mejor es no trazar planes. Leo poesía regularmente, sobre todo a la mañana, bien temprano, cuando la ciudad alrededor todavía está en silencio. Es un género que me gusta muchísimo. Y tomo notas, impresiones, sonidos, frases, pero casi siempre siento que no están a la altura de un verdadero poeta. Entonces van quedando por ahí, son más papelitos privados que otra cosa. A lo mejor, más adelante se arma algo con eso. Habrá que ver qué pasa.

Eres uno de los cinco finalistas del Premio Gabriel García Márquez, por Un cementerio perfecto. ¿De ganar, qué harías con los USD 100.000?
En Argentina tenemos un dicho: “no cuentes los cabritos antes de que nazcan”. Yo estoy realmente contento y agradecido de estar entre los seleccionados. Hay libros notables ahí y de gente que admiro. Por el momento, prefiero disfrutar de esa alegría y no pensar en lo que vendrá.

¿Qué opinas del Nobel a Ishiguro?
No es un Nobel muy arriesgado, pero se trata de un autor que me gusta mucho. Sobre todo sus primeras tres novelas me parecen excelentes y de una sutileza increíble. Y también, claro, Nunca me abandones, una gran novela, terriblemente perturbadora y difícil de olvidar.

Más información
Federico Falco dictará el taller "Narradores y puntos de vista" el 20 y 21 de octubre en el Centro Cultural PUCP por la celebración de la cuarta edición del Festival de la Palabra PUCP.



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