(Foto: El Comercio)
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Por Angus Laurie

“Existe entre nosotros un curioso oficio, ejercido igualmente por niños y adultos de manera irregular y, lo que es peor, fuera de todo control. Se trata de los cuidadores de carros”. Con estas frases, Sebastián Salazar Bondy empezó su columna de “La Prensa” el 12 de julio de 1955.

Leyendo estas palabras, uno queda sorprendido sobre lo poco que ha cambiado esta situación desde entonces. El columnista resaltó en aquel entonces los problemas asociados a los cuidadores de autos incluyendo el hecho de que “no hay… tarifa conocida” y que “en algunas ocasiones, cuando el dueño del automóvil se niega a contratar al cuidador, el cuidador se encarga de demostrarle hasta qué punto ha cometido un error, pues se dedica, en su ausencia, a hacer algún daño en el coche. Le desinfla una llanta, rompe algún adorno, etc.”.

Después de 60 años, el problema sigue siendo el mismo, aunque peor. En la época de Salazar Bondy, los cuidadores fueron un “cuerpo sin organización”. Ahora los cuidadores a menudo están organizados, pero formando una mafia que vive de la cobranza de cupos, como hemos visto en el caso de Gamarra, en La Victoria.Muchas veces en esta columna he resaltado la necesidad de implementar un sistema formal de cobranza para estacionar en la vía pública. Un buen sistema de cobranza para estacionamientos genera múltiples beneficios para la ciudad, dando ingresos para el municipio, generando la disponibilidad de estacionamientos y, sobre todo, creando un instrumento potente para desincentivar el uso del automóvil privado y reducir el tráfico.

Un precedente interesante para Lima es la Zona Azul en Quito. Allí, la municipalidad ha implementado un sistema tarifario rotativo de estacionamientos en ciertas zonas de la ciudad. Actualmente, el sistema cubre 9.000 plazas. Los tickets pueden ser comprados desde uno de los 500 distribuidores formales, que tienen un equipo portátil que imprime los tickets y registra el ingreso para el municipio. El caso de la Zona Azul es relevante para Lima por la manera en que ha sido implementado. Allí, la municipalidad ha incluido a los cuidadores de autos en el proceso de implementación, formalizando su trabajo y dándoles empleo como distribuidores de tickets.

Es cierto que ciudades en Europa y Norteamérica ya están utilizando aplicativos para cobrar para estacionar en la vía pública. Pero quizás Lima todavía no esté lista para tomar un salto desde nuestro status quo desde los años cincuenta hasta el modelo de una ‘smart city’. 

Quizás sería mejor ir paso por paso, formalizando el rol de los cuidadores de autos, organizando este cuerpo de gente para el beneficio de la ciudad.

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