Testimonios de Condena: fotos penitenciarias del siglo XIX - 5
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Testimonios de Condena: fotos penitenciarias del siglo XIX - 5
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ocupa la celda 99. Está allí por homicidio. Piel oscura, cabello entrecano y algo crecido, bigotes, mirada firme. Posa para la cámara vistiendo gorra alta y chaqueta oscura, donde llama la atención el detalle de una aguja con hilo blanco inserta donde debería estar un primer botón. Algo abatido, baja la mirada cuando la orden le indica pararse de perfil. Manuel Márquez Molina ha ingresado a la Penitenciaría de Lima por el delito de homicidio y cumplirá condena del 5 de mayo de 1903 hasta ese mismo día del año 1909. Seis años es su pena, y la firma el Tribunal de Cusco (Chumbivilcas).

Algunos años atrás 130 documentos fechados en la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX y pertenecientes a la Penitenciaría de Lima fueron a parar a la basura. Iban a ser reciclados, pero alguien los rescató y se los ofreció a Jorge Bustamante Arce, un curioso acumulador de fotografías que poca gente se animaría a coleccionar.

Las hojas de papel delgado, amarillento y marchito por el paso del tiempo, tienen por nombre Testimonios de Condena y llevan estampado un fulgurante sello del escudo de la Repú- blica Peruana. En cada una va también una fotografía de época, impresa sobre papel albuminado, donde se muestra el rostro de hombres que fueron privados de su libertad y confinados en la primera institución carcelaria de Lima, el famoso Panóptico que por un siglo albergó a asaltantes, ladrones, homicidas y otros condenados, como el ‘Monstruo de Armendáriz’, Jorge Villanueva Torres (fusilado allí en 1957), pero también a personajes como el ex presidente Augusto B. Leguía, el escritor Ciro Alegría y el dirigente aprista Víctor Raúl Haya de la Torre.

DONDE TODO SE VE

A Nicolás Yampara lo condenó el Tribunal de Puno. Le dieron 11 años por el delito de homicidio, pena que cumplió entre el 20 de abril de 1865 y 1876. Al preso 332 que entraba al Panóptico de Lima le asignaron la celda 187. Sus rasgos indígenas y ojeras marcadas destacaban en la foto que le tomaron a su ingreso, después de vestirse con el uniforme de reo oficial que, en esos primeros años de fundada la cárcel, aún parecía nuevo.

La Penitenciaría de Lima empezó a gestarse en 1853 y se ubicó en los terrenos que hoy ocupan el hotel Sheraton y el centro comercial Real Plaza. Fue conocida con el nombre de Panóptico por su diseño radial (todo era visible desde un punto central) que el historiador y geógrafo Mariano Felipe Paz Soldán eligió cuando lo comisionaron para buscar un modelo penitenciario acorde con las necesidades de la Lima de entonces.

Su construcción fue autorizada en 1856 –el año en que Ramón Castilla abolió la pena de muerte– y encargada al arquitecto Maximiliano Mimey. La obra tomó seis años y fue inaugurada a mediados de 1862, según Carlos Aguirre, historiador social y profesor de la Universidad de Oregon.

En sus estudios el acucioso investigador detalla que la construcción fue diseñada para albergar a 350 reclusos, hombres y mujeres, que purgaban pena dentro de un perímetro de 12 metros de alto y construido sobre una recia base de piedra.

“La Penitenciaría de Lima se convertiría, durante varias décadas, en el edificio más imponente de la ciudad”, detalla Aguirre. Pero con el tiempo aquella moderna cárcel se convirtió en una construcción anacrónica condenada a desaparecer. Su demolición no se hizo esperar. El Panóptico salió del mapa en 1961.

RECUPERAR LA MEMORIA

El reo Pedro Saciga murió en el Panóptico. Le dieron 15 años, en 1889, y le consignaron la celda número 26. Cabello bien cortado, porte gallardo, no aparentaba ser peligroso. Catorce años después las arrugas en su rostro revelan la condena por homicidio que pesaba sobre él. Falleció el 8 de octubre de 1903, siete meses antes de salir en libertad.

Escribe Aguirre que “la memoria sobre aquel centro de sufrimiento conocido popularmente como el Panóptico se fue evaporando” una vez que los edificios modernos fueron levantados en el terreno que la penitenciaría ocupó. “El público –continúa– no tiene hoy la menor idea de que en este lugar del Centro de Lima existió alguna vez una inmensa prisión por donde pasaron miles de presos comunes y políticos [...] El Panóptico de Lima está, en la práctica, borrado de la memoria colectiva de los peruanos”.

Pero desde hoy la exposición “Vigilar y castigar. Fotografías penitenciarias del siglo XIX” invita a recuperar aquella interesante información, que también es parte de nuestra historia.

Bajo la curaduría de Sophia Durand en colaboración con Sonia Cunliffe, la muestra reúne 52 piezas (Testimonios de Condena) nunca antes exhibidas de la colección de Jorge Bustamante Arce, donde se documenta el ingreso y salida de reos a la Penitenciaría de Lima, entre 1863 y la primera década de 1900.

Cada pieza mide 32 x 22 cm y tiene adjunta una fotografía (en algunos casos son dos y en otros pocos tres) de 7,5 x 6 cm, medida que es superior a la foto de tamaño pasaporte.

“Contemplar cada una de estas piezas nos coloca en el lugar del fotógrafoverdugo, confrontando la mirada del condenado, su lenguaje corporal y la frialdad del número que le asigna el sistema. Son rostros que evidencian la dureza del temperamento, el descaro risueño o el terror de una inocencia imposible de comprobar”, reflexiona Sophia Durand, directora de A A & A Gallery.

Este espacio de la Casa Fugaz, en Callao Monumental, acogerá desde hoy esta exhibición de carácter artístico y también documental que a muchos impactará. Pero además, desde las miradas profundas y rostros condenados que encontramos en cada foto, nos llevará a preguntarnos cuánto ha evolucionado nuestro sistema carcelario y de qué forma la sociedad y el Estado mismo han actuado para enfrentar y buscar soluciones efectivas al problema de inseguridad y delincuencia que nos ha acompañado siempre.

MÁS INFORMACIÓN

Lugar: AA & A Gallery-Casa Fugaz. Dirección: calle Constitución 250, Callao Monumental. Horario: de martes a domingo, de 11 a.m. a 4 p.m. (hasta el 18 de setiembre). Ingreso: libre.