De izquierda a derecha, imágenes de las películas  "The Last Party" (1993) y "Fahrenheit 11/9" (2018), películas que examinan la política estadounidense. Fotos: Triton Pictures/ Briarcliff Entertainment.
De izquierda a derecha, imágenes de las películas "The Last Party" (1993) y "Fahrenheit 11/9" (2018), películas que examinan la política estadounidense. Fotos: Triton Pictures/ Briarcliff Entertainment.
Czar Gutiérrez

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Ninguna otra contienda electoral en el planeta como la que agita al país más telegénico del mundo: bajo un telón de fondo poblado de barras y estrellas, multitudes vestidas de azul y de rojo declaran en estado de suspensión la unión americana para entregarse al fragor electoral. Cuyo primer gran registro será “Primary” (Robert Drew, 1960), documental pionero en el uso de cámaras y equipos de sonido altamente ligeros para seguir a John F. Kennedy y Hubert Humphrey mientras se abrían paso entre las multitudes, ensayaban encendidos discursos y entraban trabajosamente a sus habitaciones de hotel para escuchar por la radio los resultados de las primarias en Wisconsin.

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Seleccionada para su conservación en el Registro Nacional de Cine de los Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso —por tratarse de un documento “cultural, histórico y estéticamente significativo”—, ese es el estilo que dominaría los siguientes audiovisuales que decidieron tocar el asunto electoral, todo un género en sí mismo. Allí están, por ejemplo, “Journeys with George” (Pelosi y Lubarsky, 2002) que persiguió a George W. Bush durante más de un año en su campaña para las presidenciales del 2000, y “Knock Down the House” (Rachel Lears, 2019), que impactó por cubrir a cuatro mujeres demócratas progresistas que se postularon para el Congreso en las elecciones intermedias del 2018.

Igual que “Running With Beto” (David Modigliani, 2019), documental que sigue la campaña de Beto O’Rourke en las elecciones texanas al Senado en 2018, y “Red State” (Michael Shea, 2006) que hace lo propio con los electores de los estados rojos —léase republicanos— hasta descubrir por qué reelegieron a Bush el 2004. “So Goes The Nation” (Jun Dias, 2006) toma el dicho ‘como va Ohio, va la nación’ para averiguar por qué allí no votaron por John Kerry, mientras el muy celebrado “A Perfect Candidate” (Cutler y Van Taylor, 1996) cubre la contienda entre Chuck Robb y Oliver North en 1994.

Pesadilla americana

Más sociológica, “Latinos ’08” (Phillip Rodríguez, 2009) examina cómo los inmigrantes latinoamericanos cambian el paradigma binario racial blanco-negro y remodelan las elecciones norteamericanas, que también pueden ser un circo: en “The Last Party” (Benjamin y Levin, 1993), Robert Downey Jr. satiriza a ambos bandos. Pero el clímax de la ironía es “Mr. Schneider Goes to Washington” (Neil Schneider, 2007) que pone el dedo en la financiación de las campañas, la influencia del dinero y recoge la opinión de estrellas porno sobre cómo los norteamericanos gastan más dinero en ellos que en política. Demuestra, además, cómo un candidato de American Idol puede tener más votos que cualquier postulante a la Casa Blanca.

Las anomalías de los sistemas de voto electrónico, que habrían alterado los resultados de las elecciones de 2000 y 2004 en Volusia, Florida, generaron por lo menos cuatro películas: “American Blackout” (Ian Inaba, 2006), “Unprecedented: The 2000 Presidential Election” (Pérez y Sekler, 2002) y “Hacking Democracy” (Simon Ardizzone, 2006). Analizan el software informático secreto de Diebold Election Systems, inciden en la prohibición del voto a afroamericanos y otros probables votantes demócratas privados de sus derechos, recuentan los votos de ciertos condados y desvelan una serie de conflictos de intereses que deberían haber terminado con la dimisión de los jueces electorales.

La cuarta es “Fahrenheit 11/9” (Michael Moore, 2018), cuya flamígera mirada también se posa en la inesperada derrota de Hillary Clinton, la crisis del agua, el tiroteo en la escuela secundaria Stoneman Douglas, las donaciones de la Asociación Nacional del Rifle y compara el ascenso al poder de Trump con el de Hitler. Filmada con pasión y perverso sentido del humor, Moore fractura una vez más el sueño americano y termina demoliendo las instituciones centrales de un país que, dice, no vale la pena salvar sino reconstruir. El descalabro que vino después aparece en “Trumped: Inside the Greatest Political Upset of All Time” (Bourne, Robertson y Tarver, 2017).

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Circo mediático

Y si “The War Room” (Chris Hegedus, 1993) enfoca los escándalos en la campaña de Bill Clinton en 1992, “Bush Family Fortunes” (Grandison y Palast, 2004) lo hará sobre grandes sumas bañadas en petróleo y esa imagen de héroe de guerra como patético truco publicitario, mientras “Boogie Man” (Stefan Forbes, 2008) investiga las oscuras tácticas de campaña del texano. Más cerca en el tiempo, “Change” (Matteo Barzini, 2008) se centra en la contienda Obama - McCain y “By the People: The Election of Barack Obama” (Amy Rice y Alicia Sams, 2009) sigue al primer presidente afroamericano durante los dos años previos las elecciones que ganó.

Los rastros que deja el dinero corporativo, su influencia en el sistema político, la influencia de las corporaciones mineras y la catástrofe ambiental son los asuntos que comprometen el metraje de “Dark Money” (Kimberly Reed, 2018), mientras “America’s Great Divide: From Obama to Trump” (Michael Kirk, 2019) muestra cómo los dos principales partidos políticos profundizaron sus diferencias debido al racismo y la desinformación. Y entonces ficciones de televisión web como “House of Cards” resultarán tan despiadadas como la realidad misma. Para que con “Irresistible” (Jon Stewart, 2020) se complete de desvelar todo el circo mediático que rodea el evento electoral más importante del planeta.

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