"Secretos de estado", la cinta de Kira Knightley. (Foto: Difusión)
"Secretos de estado", la cinta de Kira Knightley. (Foto: Difusión)

Conforme se complejizó, en las últimas décadas, el mundo de los nuevos medios digitales, el impacto del control y filtración de información secreta produjo una serie de conspiraciones, disidencias o traiciones que no tardaron en pasar a la pantalla grande. Es así que, desde estos aparatos de espionaje, aparecen filmes sobre polémicos personajes como Edward Snowden o Julian Assange.

A esta lista faltaba incorporar a Katharine Gun (Keira Knightley), traductora del Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno Británico que, en el 2003, permite filtrar a la prensa un e-mail en el que Estados Unidos instan a espiar y chantajear a miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El objetivo de George Bush y Tony Blair era forzar una resolución internacional que diera, a la guerra en Irak, un viso de legalidad.

La cinta la dirige el sudafricano Gavin Hood, responsable de “Tsotsi”, ganadora del Oscar a mejor filme extranjero en el 2006. El guion se basa en el libro del 2008 (escrito por Marcia y Thomas Mitchell) sobre el caso de Gun, y es en realidad bastante convencional. Se trata de un planteamiento narrativo clásico, basado en los mecanismos de suspenso y los clímax argumentales que ponen la vida de la protagonista en constante riesgo.

Lo mejor tiene que ver con el elenco, con Knightley en una interpretación intensa y crispada como Gun, y Ralph Fiennes como su brillante abogado defensor frente a los intereses del gobierno de Blair. Artesano aplicado más que artista inspirado, Gavin Hood procura lucir las performances de sus actores, apostando por ese llamado estilo “invisible” tan norteamericano, donde la cámara no se interpone en el trabajo del actor.

Keira Knightley. (Foto: Difusión)
Keira Knightley. (Foto: Difusión)

“Secretos de Estado” confía en sus actores, sobre todo en la competente Knightley, pero tampoco es teatro filmado. Hood utiliza con efectividad los ambientes nocturnos y sigilosos de las oficinas del Cuartel General de Comunicaciones. Y, sobre todo, sabe captar la tensión y el secretismo entre el ‘pull’ de traductores de información clasificada. Lamentablemente, es un lugar de trabajo que no se aprovechó lo suficiente.

Hay otros momentos buenos desde el punto de vista de la puesta en escena, como lo relacionado al juicio que se interpone a Gun, con el importante simbolismo de los espacios laberínticos y túneles angostos de la antigua sede judicial. No obstante, Hood pierde de vista esas oportunidades. La desmedida atención a la defensa moral de la heroína-víctima le impide incidir en otros aspectos que la sobrevuelan.

Por ejemplo, Hood fracasa en poder realizar una radiografía sociológica de Inglaterra o la ciudad de Londres. El esposo de Gun, un inmigrante kurdo (Adam Bakri) hostilizado por el gobierno, no tiene la solidez esperada. También queda desdibujado el periodista que destapa el caso, Martin Bright (Matt Smith), personaje muy prometedor al inicio, pero que se va diluyendo conforme avanza el filme.

“Secretos de Estado” a veces evoca clásicos del género, como la esencial “Todos los hombres del presidente” (Alan Pakula, 1976). Pero lo hace tímidamente, y sin conseguir una personalidad propia, como la más reciente “Conspiración y poder” (James Vanderbilt, 2015). Hood prefiere hacer un filme de tesis, donde en todo momento se dejan bien en claras las razones correctas de la pulcra conciencia moral de su heroína. Estamos lejos de preguntas complejas sobre los alcances del poder político, o de un riguroso desmenuzamiento de los entramados psicológicos y sociales en juego. Menos aún de una búsqueda de los poderes del cine mismo.

MÁS INFORMACIÓN

Título original: “Official Secrets”.

Género: biografía, thriller.

País y año: Reino Unido / EEUU, 2019.

Director: Gavin Hood.

Actores: Keira Knightley, Ralph Fiennes, Matt Smith, MyAnna Buring.

CALIFICACIÓN: ★★

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