"La búsqueda y la frustración son el espíritu de mi libro"
Por José Silva

En un interesante intento por promover nuevos valores, la editorial independiente  lanzó hace unas semanas su colección La Jauría. Y el libro que abre la serie es nada menos que "Ciudades vencidas", del joven periodista y narrador (La Plata 1979).

En siete relatos, los lectores de esta obra podrán encontrar historias en la que una búsqueda de algo perdido concluye con un desenlace inesperado. 

¿Quién no ha intentado regresar al pasado para retomar un proyecto y terminó encontrándose con una realidad que jamás imaginó?

Conversamos con Miguel Sánchez Flores sobre algunos de los relatos de "Ciudades vencidas" y también sobre sus influencias literarias.

-¿Cómo surgió este libro de cuentos “Ciudades vencidas”?

El cuento más antiguo del libro, “El conjuro de los siete cabellos”, tiene casi trece años. Lo escribí como trabajo final de un taller de la universidad. Fue el primer relato que hice pensando en que quería dedicarme esto, poniéndole ganas. Aunque también hay otros cuentos más recientes, inclusive de este año. Algunos han cambiado mucho, han adquirido otras características, quizás han perdido o ganado algunas páginas. Así que creo que hay dos momentos (en el libro): uno de hace trece años (atrás) y otro de los últimos dos en los que trabajé casi obsesivamente en estos siete relatos.

-¿Hay un tema común que transite los cuentos de tu libro?

Creo que todos los personajes en el fondo están en busca de algo que han perdido. Cada protagonista emprende un viaje hacia un momento feliz, tranquilo, que añora o que quizás no sucedió y que quiere restablecerlo o reconstruirlo. Sin embargo, también hay algo de frustración porque estas exploraciones y encuentros no son necesariamente felices o como se esperaban. Creo que ese tema recorre todas las historias. Y por eso el título de mi libro, “Ciudades vencidas”, es decir, ciudades que ya no existen tal como fueron en el pasado, porque han cambiado y perdido la lógica que las conectaba con los personajes.

-¿Cuál fue el criterio para ordenar los siete relatos de “Ciudades vencidas”?

Ahí mucho tiene que ver mi editor, Leonardo Dolores. Pensamos que quizás convenía iniciar con un cuento corto, para dejar en claro la onda del libro desde el comienzo. Paradójicamente el primer relato se llama “La despedida” y fue el último que escribí de los siete, y considero que resume bastante bien esta idea de la pérdida, del viaje, de volver a algún lugar para solucionar algo. Después intercalamos: uno corto y otro mediano. Hay la idea de darle un respiro al lector.

-Específicamente sobre “Despedida” y “El día que murió Kennedy”, en donde el final me deja una sensación similar, ¿cómo es que trabajas los finales de tus relatos?

Johan Page me decía que en mis finales se notaba mucho el artificio, que es una idea bastante interesante. Sin embargo, yo creo que mis finales no resuelven todo y más bien dejan interrogantes. No lo asumo así pero siento que hay muchos finales abiertos aquí. Desconozco si es una herramienta útil. Mucha gente que ha leído el libro me dice que “los dejé en el mejor momento”. Y creo que tiene que ver con cómo me gusta construir un cuento. Considero que ha cambiado mucho este género, que la tensión hoy se genera de forma distinta. Si bien estos cuentos tienen algo de esa tradición peruana del realismo vinculada a Ribeyro, Bryce y Valdelomar, me parece que están a medio camino de una nueva tradición. No sé, me viene a la cabeza Samanta Schweblin, Alice Munro o Raymond Carver. Dentro de la cotidianeidad algún elemento aparece y genera tensión constante.

-En tu relato titulado “Pimentel” la homosexualidad parecer ser el gran tema. Un hombre cuenta cómo el tío de la familia ocultó su orientación sexual y al final este lo descubre. Además del género, ¿cuál es el otro gran tema aquí?

Es cierto, en “Pimentel” la homosexualidad es el gran tema. Una homosexualidad reprimida no solo por el propio personaje sino por su contexto, por lo que se genera una farsa. Creo que otro motor de ese cuento tiene que ver con la mirada inocente, infantil, ‘voyeur’, del personaje principal que narra la historia. Es una mirada que tiene que ver con cómo se construye la literatura, siempre metiendo los ojos por donde no debes, metiéndote en la intimidad, tratando de entenderla, de abarcarla, tratando de que esos momentos articulen un discurso no solo en relación al tío homosexual, sino al narrador en sí. Así que, si bien tenemos el tema de la homosexualidad, también se habla de la familia, de sus cambios y de cómo se reconstruye. El protagonista no tiene papás, fue criado por sus abuelos, vive con una tía, no se encuentra en ningún lugar. Quizás ese espacio de fantasía pueda resolver esta necesidad.

-¿Por qué usar el recurso de repetir el nombre de un personaje en varios cuentos?

El personaje que se repite se llama Manuel Fontana, y las familias que aparecen se apellidan así. De hecho está ahí la idea de Manolo, de “Huerto cerrado”, de los personajes de Philip Roth. Siempre me ha gustado pensar en los cuentos de como una unidad, como una articulación. De hecho prefiero no ver a un libro de relatos como una unión de ‘singles’ sino más bien como un universo propio.

-¿Sientes que hay eso en “Ciudades vencidas”?

Yo creo que sí, y eso tiene que ver con cierta nostalgia hacia ese mundo en el que me formé. Ahora consumimos no solo cuentos, sino canciones o ‘singles’. Sin embargo, yo crecí pensando en el disco y en el libro como unidad. Y una manera de darle alguna continuidad, más allá del tema, creo que tuvo que ver con el personaje, con la familia, con ‘los Fontana’.

-En el cuento “Piura 79” un chico va a Piura con su abuela. Mientras él busca información sobre su papá para escribir un libro, ella quiere encontrar un amor del pasado. Todo bajo el manto de esta curiosa ciudad. ¿Cuánto hay de auto ficción en este y en el resto de tus cuentos?

Creo que (en el libro) hay algunas cosas mías, de mi familia o de mis amigos. Decir lo contrario sería mentir. Aunque pienso que si mis familiares revisan esta obra con el objetivo de entenderme, pues no lo lograrán. “Piura 79” es uno de mis cuentos favoritos y conecta con mi persona por esto  de seguir las pistas del padre, de buscar reconstruir su vida. Eso tiene algo que ver conmigo, no solo porque mi padre que tuvo una presencia ‘ausente’, sino por la imagen de mis abuelos. Y tiene que ver con ‘volver para entenderlos’. El viaje es una excusa para entender y comprender al padre, para unirse a la abuela. El protagonista quiere conectar sentimentalmente con su familia.

-Mencióname autores de cabecera para ti, peruanos y extranjeros.

En Perú me gusta mucho Luis Loayza, que es un escritor poco conocido, que se exilió además, muy amigo de Vargas Llosa. Ha sacado pocos libros y estos tienen poca circulación. Él es para mí una influencia decisiva en cómo escribo. Su libro “Otras tardes” se lo recomendaría a todos los que quieren empezar a escribir. También está Vargas Llosa. Leer “La ciudad y los perros” me cambió la vida. En ese momento dije “Esto me gustaría hacer”. Pero también pienso en la generación de poetas como Eielson, Cisneros, Belli, que siento me han aportado un montón. Y del exterior, debo mencionar a Carver, que representa todo lo contrario a cómo se construye un cuento desde la tradición peruana; y a Salinger, definitivamente.

-¿Por qué el público de “El Comercio” debería  leer “Ciudades vencidas”?

Porque es un primer libro que recoge muchos años de trabajo y que resume una búsqueda personal en relación a los personajes, que se podría emparentar con las búsquedas de todos. Esta idea de recuperar algo perdido, de restaurar un mundo que uno piensa acabado. Y que, sin embargo, cuando uno llega a este espacio –venciendo los obstáculos—te das cuenta que este mundo ya no es el que habitamos sino otro. Eso me parece muy contemporáneo. La búsqueda y la frustración podrían conjugarse en el espíritu de este libro.