MELVYN ARCE RUIZ ()

El realizó anoche su tercera fecha y nos presentó un line-up de ensueño encabezado por , y , artistas que acaban de ser parte de festivales como el Lollapalooza y que, dentro de poco, estarán también en el Coachella.  Siendo así, la experiencia que vivimos anoche los que llegamos al Parque de la Exposición para el concierto fue, por muchas razones,  de otro nivel y de las mejores que seguramente veremos en lo que resta del año.

Y es que como en todo buen festival que se precia de serlo, los artistas que vimos ayer no solo fueron de aquellos que nos invitaron a ir por sus facetas musicales ya conocidas, sino también por las propuestas nuevas que tenían por ofrecernos: Julian Casablancas llegó con una banda totalmente diferente a la que lo hizo famoso, los Pixies y los Placebo nos dieron una muestra de lo que están trabajando ahora y las bandas nacionales -¡ y vaya que esto fue revelador!- se presentaron como pocas veces tienen la oportunidad de hacerlo.

Fueron precisamente ellos, los nacionales, los que dieron la partida. Vaselina, El hombre Misterioso, los reintegrados Cecimonster vs. Donka y Gaia (que acababa de estar en el festival mexicano Vive Latino) tocaron a la altura de las bandas internacionales y en las mismas condiciones: con el sonido a toda potencia, proyecciones de pantalla y juego de luces, trucos de escena  que por lo general (cuando les toca ser teloneros) son reservados solo para el artista de fondo y que, en ocasiones como esta, te reafirman que siempre vale la pena darle un vistazo (en serio) a lo que está pasando en la escena nacional.

EL CHICO QUE CANTABA DE ESPALDAS AL PÚBLICO
Ya después de esta primera buena impresión con las bandas locales, llegó el turno de uno de los más esperados de la noche: Julian Casablancas. Todos en el gramado comentaban lo duro que le habían dado los críticos en Argentina, Chile y Brasil, y esa advertencia de lo que se venía aumentaba las expectativas.

Diez minutos antes de las 8 entraron los técnicos de Casablancas. La pantalla central al fondo del escenario se convertía en una gran pared roja con una ventana celeste de la que luego empezarían a salir unas figuras tan distorsionadas como las guitarras de , la nueva banda de Julian.

Casablancas, quien en el 2009 debutó como solista con un muy bien comentado disco llamado “Phrazes for the Young”, no llegó a Lima ni para mostrar esas canciones ni para recordar a los hoy parados The Strokes. Llegó para presentarnos este nuevo proyecto que todavía no tiene grabado ningún disco y que solo se ha mostrado hasta la fecha en shows en vivo.

A diferencia de lo que le pasó en los países vecinos, Julian Casablancas sonó rotundo en Lima con canciones que iban desde un punk experimental hasta un sonido tan thrash como el look de sus cuatro compañeros de banda.   Vocalmente, el neoyorquino estuvo impecable y daban igual sus maneras introvertidas de estar en el escenario, cantando casi todo el tiempo de espaldas al público y luego mirando al suelo. Claro, no faltaron los que extrañaron los viejos temas de Casablancas y este se dio tiempo para tocar “Ize of the World” (de los Strokes) y “11th Dimension” y “Glass”, de su primer disco en solitario.

En líneas generales,  Casablancas fue bien recibido por los peruanos que gritaron su nombre incluso minutos después de que este dejó el escenario con un masticado: “Espero que haya otro festival  para veremos pronto”.

LOS DUENDES APUNTAN Y DISPARAN
A las 9 de la noche los equipos de Julian Casablancas estaban  fuera y las luces se prendían nuevamente para que otro grupo de técnicos reiniciara el montaje: tres cajas con las pedaleras de la banda que seguía eran puestos en medio de la tarima. A la cabeza una daba la señal para que el público empezara a acercarse más al escenario y a alejarse de los puestos de comida: sí, estos equipos eran de Pixies.

La batería estaba puesta  y los soportes de micrófono eran ubicados frente a nosotros como si fueran las posiciones estratégicas de tres francotiradores. 9 y 43 de la noche: las luces se van y empieza la guerra. Los Pixies salen a matar.

El inacabable David Lovering golpea la batería y nos manda de regreso a los ochenta, como si pusiéramos por primera  vez el “Surfer Rosa” y escucháramos esa volátil apertura que es “Bone Machine”. La gente empieza un baile frenético al ritmo del bajo de Paz Lechantin, la argentina que ha llegado a tomar el lugar que dejó la emblemática Kim Deal.

Y aunque no se puede negar que la ausencia de Deal se siente,  Lechantin es un nuevo y agradable capítulo en la historia de los Pixies, que  nos dice que estos maestros todavía tienen muchas clases que dictar, y así lo prueban con temas como “Magdalena” y “Andro Queen”, algunas muestras del disco nuevo que lanzarán a finales de este mes.

Los Pixies no dijeron palabra alguna al ingresar, apenas Black, Joey y Paz levantaron unos segundos las manos al público en señal de saludo. Tampoco fueron un gran despliegue escénico: no se movieron de sus sitios y ni hablar de proyecciones descomunales en las pantallas, unos cambios de luces y punto. 

Pero no se dejen engañar, este no fue un show de sencillez, todo lo contrario. Fue de lo más complejo que se presentó anoche con esas delirantes historias que narra Black Francis a veces a los gritos a veces con sollozantes agudos, pero siempre con un ingenio musical que nos deja a todos como fuera de este mundo.


EL REGRESO DE PLACEBO
A las 11 y 30 en punto empezaba el último show de la noche. Los Placebo se reencontraban con Lima y  ofrecían un concierto muy parecido al que dieron.

Como ocurrió esa vez, la envolvente base de sintetizadores que abre “B3”  anunciaba el inicio de su segunda presentación en esta nueva visita a Lima: Steve Forrest, contundente en la batería, marcaba el ritmo para el desenfreno de sus fans que, pese a las horas transcurridas, todavía tenía energía para una lucha más.

Brian Molko, a la cabeza del grupo, saludaba en español diciéndole a la gente que esa noche eran todos suyos “tan fuertes como el amor”, citando el título de su nuevo disco, el  que fue precisamente la excusa para la gira por la que los vimos otra vez.

Y aunque el álbum es relativamente reciente, el público respondió muy bien a los temas nuevos que los Placebo presentaron: “Loud Like Love”, el single del disco del mismo nombre, fue casi tan coreada como uno de sus clásicos, así como también lo fue “Too Many Friends”, canción en la que Molko reflexiona sobre la soledad en los tiempos de redes sociales con frases provocadoras como: “Mi computadora cree que soy gay. Cuál es la diferencia, de todos modos”.

Un momento anecdótico de la noche se dio precisamente antes del inicio de este tema: Stefan Olsdal dejó la guitarra y se fue al piano, pero Steve Forrest pareció no percatarse y empezó a tocar otra canción. Todos se quedaron mirándolo por unos instantes y Molko bromeó con él diciéndole: ¿Esa batería está bien? Luego le preguntó a la gente: ¿No es buena esa batería? Y todos respondieron con un sonoro “Yeah”.

Casi dos horas después, Placebo se despidió de Lima  con una canción que describía perfectamente el momento: “The Bitter  End”, la amarga despedida. Una frase que calza bien en situaciones como esta, cuando un concierto es tan buen que dan ganas de que nunca se terminen.