El Perú está ingresando en una nueva etapa demográfica que tendrá efectos importantes sobre el mercado laboral, el emprendimiento y el crecimiento económico. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), nuestro país transita por la fase final de su bono demográfico y en las próximas décadas la población mayor de 60 años superará a la menor de 15.
El principal desafío, sin embargo, no es el envejecimiento en sí mismo, sino nuestra capacidad para aprovechar el talento, la experiencia y los conocimientos acumulados por millones de peruanos mayores de 50 años. Durante mucho tiempo, este segmento ha sido observado principalmente desde una perspectiva asistencial, cuando en realidad representa un importante activo económico y social.
Las cifras permiten dimensionar su potencial. Hasta el 2023, el 35% de los nuevos emprendedores peruanos tenía más de 50 años, según el INEI. El dato cuestiona la idea de que emprender es una actividad reservada a los jóvenes y demuestra que la experiencia puede convertirse en una ventaja para identificar oportunidades, administrar riesgos y desenvolverse en mercados cada vez más complejos.
Existe, además, una importante disposición para adaptarse. Según Datum Internacional, el 75% de los peruanos mayores de 50 años considera que su principal fortaleza es la experiencia y el 73% está dispuesto a continuar aprendiendo para responder a las nuevas exigencias laborales.
Pese a ello, persisten barreras importantes: la discriminación por edad, las dificultades para reinsertarse laboralmente y una oferta todavía limitada de capacitación para trabajadores seniors. Surge así una paradoja: mientras las organizaciones demandan experiencia, liderazgo y capacidad de gestión, muchas personas que poseen precisamente esas competencias encuentran obstáculos para mantenerse activas.
La experiencia también se refleja en la capacidad de liderazgo. Estudios sobre economía plateada muestran que la presencia en posiciones directivas aumenta con la trayectoria profesional: mientras el 6,3% de los trabajadores entre los 20 y 29 años ocupa posiciones de liderazgo, la proporción alcanza el 21,7% entre quienes tienen entre 50 y 59 años.
El cambio demográfico abre, asimismo, un mercado de enormes posibilidades. La llamada economía plateada impulsará actividades vinculadas con la educación continua, la tecnología, la salud, el turismo, vivienda y los servicios financieros. Pero aprovechar este potencial requiere también atender una realidad preocupante: en el 2023, el 65,2% de los adultos mayores ocupados no contaba con un sistema de pensiones.
La respuesta debe involucrar al Estado, las empresas y las instituciones educativas. Necesitamos políticas que favorezcan la empleabilidad, la capacitación permanente y los entornos laborales intergeneracionales. Las universidades, además, tenemos el desafío de comprender que la educación ya no termina con la obtención de un título. En una economía sometida a permanentes transformaciones tecnológicas, aprender durante toda la vida será indispensable.
Iniciativas como los Premios +50 Emprende Perú, organizados por Probide-USIL Venture y 02:59 Films de España, contribuyen precisamente a visibilizar a quienes deciden reinventarse y emprender después de los 50 años.
La pregunta, entonces, no es qué haremos con una población que envejece, sino qué oportunidades podemos crear con una población que acumula experiencia. Convertir ese conocimiento en productividad, emprendimiento e innovación puede ser una de las decisiones más inteligentes para construir un Perú más competitivo e inclusivo.
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