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Los psicosociales en el Perú hacen mención a diferentes mecanismos para distraer la atención ciudadana y desviarla hacia asuntos secundarios. Los políticos los utilizan para dilatar la importancia de ciertos aspectos de la realidad y diluir la centralidad de aquellos elementos sustanciales o contenciosos de la política o la economía. Aunque no hay una idea clara de quién inventó el término, algunos autores atribuyen su uso al psiquiatra Segisfredo Luza a partir de los años 60 cuando colaboró con gobiernos como el de Velasco y Fujimori en el montaje de psicosociales intencionales.

Uno de los más conocidos fue el de la virgen que llora sangre en plena pandemia del cólera en los años 90, apareció la noticia de estas vírgenes milagrosas que curaban este mal. Las personas esperanzadas iban en peregrinaciones buscando protegerse de la epidemia. Asimismo, altas autoridades insistieron en que el aumento de asesinatos y desapariciones en los Andes eran producto de pishtacos sacagrasa, que vendían la grasa humana de sus víctimas a transnacionales confeccionadoras de productos de belleza. Esto desató una histeria masiva, porque el jefe de la policía respaldó el mito, y poco después tuvo que renunciar cuando se comprobó el poco valor de la grasa y su inexistente uso en la industria de cosméticos.

Un psicosocial no es lo mismo que una noticia falsa o ‘fake news’, ya que su principal objetivo no es engañar, sino distraer, desviar, desorientar. Crea, así, una cortina de humo que permite que las autoridades operen en la opacidad. Para ello, Vladimiro Montesinos trabajaba con la complicidad de los diarios chicha, también conocidos como la prensa amarilla. Los psicosociales más exitosos son los que se alimentan del miedo, los mitos, las leyendas urbanas, la polarización política y la paranoia masiva.

En las últimas dos semanas, en momentos en que las encuestas siguen mostrando el nulo apoyo a Dina Boluarte y que la inseguridad ciudadana campea, ha resucitado la idea de volver a poner en funcionamiento al penal El Frontón, a pesar de que ya varios expertos, en varias ocasiones, han denunciado que no es un proyecto factible. Acompañando la treta de la isla-prisión regresa también la cantaleta de la pena de muerte, ahora respaldada por los medios digitales.

Todo esto, a pesar de que los expertos en inseguridad nos han dicho que el problema de fondo es que la policía no detiene, la fiscalía no acusa, los tribunales no sentencian y los penales no rehabilitan. Lo que es cierto es que, con el tiempo, los psicosociales se han vuelto menos creativos y más reiterativos: me llevan a extrañar a Luza, Montesinos y los diarios chicha.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Javier Díaz-Albertini es Ph. D. en Sociología

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