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Burocracias de pacotilla bajo la lupa
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En esta carrera por acceder o simplemente mantener las múltiples prebendas que ofrece un Estado con muchos recursos y escasos controles, como lo es el peruano, los vampiros de la campaña necrofílica –perdón electoral– no se dan el trabajo de elaborar un proyecto de cara a la miseria material y moral que nos devora. Los nuevos “pretendientes” a algún empleo público que les resuelva la vida en el corto y largo plazo andan, cuales discípulos de Drácula, escondiendo los colmillos mientras hablan estupidez y media. Para “inspirarlos” en su labor embaucadora, están los ejemplos de Kira Alcarraz (“te estampo contra la pared”) con su panaca congresal, el de los generales disfrutando de sus carros de alta gama mientras los ómnibus se desbarrancan y los pistoleros asesinan diariamente a nuestros compatriotas. A estas alturas del partido, a quien le sorprende tanta desfachatez disfrazada de moralismo e incluso de promesa revolucionaria si, como bien sabemos, los sueños líquidos de la senaduría o cualquier otro puesto público pasan, inevitablemente, por estafar a un Estado que nadie entiende cómo resiste.
A propósito de este tema neurálgico, que es el de un país inmensamente rico pero criminal y estúpidamente administrado por la pacotilla, recuerdo una carta que un allegado le envió a Manuel Pardo (1834-1878) a raíz de su candidatura a la presidencia de la República. En la misiva que anunciaba una suerte de deseo fantasioso el corresponsal subrayaba la urgente necesidad de encontrar en un ropero de Palacio unos cuantos centenares de funcionarios probos e inteligentes. Solo así sería posible concretar la necesaria reforma estatal que el Perú, endeudado por rapaces y tontos y en crisis política demandaba permanente. Mientras leía el extraordinario libro de Ezio Neyra “El informe: pequeña novela burocrática” se me vino a la memoria no solo Max Weber y su teoría del Estado “jaula de hierro” con racionalidad, objetivos y jerarquías, pero carente de creatividad sino también el “modelo peruano” poblado de los rapaces y facilitadores a los que refirió el corresponsal de Pardo. En especial estos últimos que, por su deseo de permanecer enchufados al poder, miran siempre al otro lado. Ese no fue el caso de Ezio, un destacado académico graduado en la Universidad de Brown, a quien se le encomendó la dirección de la Biblioteca Nacional. En ese escenario un peruano talentoso y sensible vivió la peor de las pesadillas: observar impotente los tejes y manejes de una argolla mediocre pero experta en el arte de sobrevivir a cualquier precio. Adscrita al Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional es la expresión más elaborada de lo que la burocracia pacotillera es capaz de hacer no solo en términos delincuenciales –robo de libros y documentos– sino de la ineptitud, oportunismo e intriga, salvo escasas excepciones, para sacar a los mejores y, de esa manera, seguir chapoteando en la nada. Lo notable del texto de Neyra es que además de ofrecer una radiografía precisa de un mundo kafkiano, abre la discusión en torno al día a día de ese ejército de termitas, enquistado en cada dependencia pública, desde donde junto a los presupuestos se devora impunemente el entusiasmo de trabajar por el Perú. Recuerdo que me crucé con una sobreviviente de todas las administraciones, y ahora jefa de gabinete de un ministerio, maniobrando para que colocáramos el nombre de Betssy Chávez, una golpista con orden de captura, en un libro, la Historia del Perú de Juan Basilio Cortegana, que Ezio generosamente nos ayudó a publicar. La susodicha de la que hay centenares en las dependencias públicas fue consolidando su posición mientras se apropiaba del trabajo ajeno y miraba hacia el otro lado. El caso más escandaloso fue el descuartizamiento de un libro, imaginado y editado por reconocidos académicos, para colocar en la introducción a la hoy defenestrada Dina Boluarte. Y en ese sentido lo más notable del “informe” de Ezio Neyra, que todos deben leer, es su profundo y conmovedor desencanto ante el desprecio por el bienestar general, pero, también, su apuesta por la memoria, la palabra, el amor y la humanidad para enfrentar a la pacotilla reinante.

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