Cerebros que no suman

“El escepticismo frente a la posibilidad de crear nueva riqueza tal vez explique por qué las más de las veces, los populistas terminan siendo corruptos”.

    Gonzalo Zegarra
    Por

    Consejero de estrategia

    Se ha vuelto un lugar común decir que el gobierno de Pedro Castillo no es de izquierda, incluso que nunca lo fue; y que su principal distintivo no es ideológico, sino una mezcla de incompetencia y corrupción. Estoy de acuerdo con que estos últimos fenómenos son lo más emblemático y dañino del actual régimen, pero agregaría su clarísima vocación autoritaria –tan subestimada por progresistas y moderados por las dificultades operativas para su concreción–. Además, el Gobierno sí tiene políticas indiscutiblemente izquierdistas (tal vez por cuotas de poder), como sus iniciativas laborales. Asimismo, hay un vínculo –acaso más de mentalidad que de ideología– entre el populismo y la corrupción.

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