Lo único bueno es que ya falta poco. Al gobierno de José María Balcázar le quedan apenas 16 días. Lo malo es que, en política, poco más de dos semanas alcanzan de sobra para sembrar bombas de tiempo que el próximo gobierno tendrá que desactivar.
Lo único bueno es que ya falta poco. Al gobierno de José María Balcázar le quedan apenas 16 días. Lo malo es que, en política, poco más de dos semanas alcanzan de sobra para sembrar bombas de tiempo que el próximo gobierno tendrá que desactivar.
El indulto al golpista Pedro Castillo ya fue descartado por la Comisión de Gracias Presidenciales, pero el mandatario insiste en ponerlo en agenda. En ese empeño por reabrir puertas que hace tiempo están cerradas, no descartemos que nos sorprenda en sus últimos días de su gestión, ya sea concediendo el salvoconducto que le permita a Bettsy Chávez escapar a México u otorgando reconocimiento oficial al gremio de docentes vinculado al Movadef.
No sabemos si Balcázar ya nombró a su último ministro o si todavía guarda algunos cambios bajo la manga. Suena absurdo realizar más relevos en un gobierno que está próximo a concluir, pero con el presidente que tenemos cualquier cosa se puede esperar.
Una administración de transición, con la puerta de salida ya entreabierta, debería estar más enfocada en transferir y entregar la casa ordenada. Aquí, en cambio, parece que la preocupación principal es seguir pagando favores, premiar a los amigotes con cargos públicos y repartir las últimas tajadas de la torta antes de que se apaguen las luces. No hay otra explicación para los más de 50 nombramientos de altos funcionarios que, según una investigación de Thalía Cadenas para El Comercio, se han realizado en solo un mes.
Esta semana, dos congresistas se han ceñido fajines. Uno es Jorge Marticorena, quien asumió el Ministerio de Educación, pese a que no tiene formación ni experiencia en el sector. Dos días después fue designado otro ex compañero de bancada de Balcázar: Flavio Cruz, fervoroso escudero político del prófugo Vladimir Cerrón.
En términos de gestión, 16 días representan poco tiempo. Sin embargo, en un gobierno en el que el sentido común parece haberse tomado una licencia indefinida, alcanzan para nombrar allegados, otorgar gracias presidenciales indebidas, comprometer presupuestos y dejar conflictos abiertos.