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El hospital digital: la oportunidad de transformar el sistema de salud
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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021), el hospital digital representa una evolución profunda del modelo tradicional de atención. Deja de ser un servicio confinado a los muros del establecimiento para convertirse en una red virtual inteligente, centrada en la persona e integrada a lo largo del continuo de la atención en salud.
La salud digital no se trata simplemente de incorporar tecnología, sino de integrar herramientas digitales e inteligencia artificial en los procesos clínicos, administrativos y logísticos para mejorar la calidad, la seguridad, la eficiencia y la experiencia del paciente.
La evidencia internacional es consistente en señalar que los hospitales digitales suponen una transformación organizacional y no solo una modernización tecnológica (Canfell et al., 2024; Prgomet et al., 2017; McGinn et al., 2011; Topol, 2019). El uso de datos clínicos en tiempo real y de sistemas de soporte a la decisión se asocia con mejoras sostenidas en la seguridad de la medicación y la eficiencia hospitalaria, aunque también requiere cambios profundos en los flujos de trabajo y en los roles profesionales. En la práctica, esta transformación se apoya en una historia clínica electrónica integral y en el rediseño del modelo de atención, más allá de la simple informatización de procesos.
En este contexto, resulta pertinente saludar la reciente decisión del Ministerio de Salud de aprobar, mediante la Resolución Ministerial 947-2025, la iniciativa denominada “hospital digital”. Esta crea una plataforma nacional de teleservicios especializados que complementa la atención presencial a través de la teleconsulta especializada, la teleinterconsulta como soporte al primer nivel de atención, el teleapoyo al diagnóstico y el telemonitoreo de pacientes con enfermedades crónicas o dependencia funcional.
Sin embargo, conviene ser precisos. En su formulación actual, el Ministerio de Salud define el “hospital digital” principalmente como un servicio especializado remoto, y no como un hospital integral plenamente digitalizado. En ese sentido, el sector da un paso importante, pero prudente. La resolución no transforma aún al hospital como organización, pero sí transforma el acceso al especialista, una de las brechas más críticas y persistentes del sistema de salud peruano.
Estamos, por tanto, ante una política incremental, adecuada para el corto plazo y políticamente viable, que puede generar impactos relevantes en el acceso a servicios, la equidad territorial y la descongestión hospitalaria mediante modelos de atención híbrida. Al mismo tiempo, deja abierta –y plantea– la oportunidad y el desafío de avanzar hacia un hospital digital verdaderamente integrado, siempre que se refuercen cuatro pilares clave: una gobernanza clínico-digital sólida, un financiamiento escalable y sostenible, la interoperabilidad de los sistemas de información con una historia clínica electrónica, y un uso progresivo de la analítica avanzada y la inteligencia artificial.
Las oportunidades que abre esta iniciativa son significativas. Por primera vez, el “hospital digital” queda formalmente institucionalizado, con un marco normativo y estándares técnicos definidos. Además, responde de manera directa a problemas estructurales del sistema: el déficit de especialistas, las barreras geográficas y la sobrecarga hospitalaria, especialmente en zonas rurales, amazónicas y altoandinas. La teleinterconsulta especializada, en particular, tiene el potencial de fortalecer la resolutividad del primer nivel de atención, reducir derivaciones innecesarias y consolidar redes integradas de servicios de salud.
No obstante, tampoco deben ignorarse las limitaciones y tensiones del modelo aprobado. La definición restrictiva de “hospital digital” deja fuera elementos centrales de la transformación hospitalaria, como la interoperabilidad plena de la historia clínica electrónica, la automatización de procesos, la analítica avanzada y la integración logística y asistencial. En rigor, lo aprobado se asemeja más a un Centro Nacional de Telesalud Especializada que a un hospital digital integral. A ello se suma la concentración de la gestión en una unidad funcional específica –la Unidad Funcional de Oferta Móvil (Minsa Móvil)–, lo que podría limitar la escalabilidad, la articulación con hospitales e institutos nacionales y generar tensiones con las direcciones asistenciales tradicionales. Además, el mandato de implementar la iniciativa sin recursos adicionales plantea riesgos claros para su sostenibilidad si la demanda crece.
Por ello, resulta recomendable que esta iniciativa se integre en una estrategia nacional de salud digital, acompañada de una hoja de ruta clara, una gobernanza y un modelo de gestión definidos –ya sea mediante una unidad ejecutora especializada o un servicio externo–, un financiamiento sostenible, así como indicadores explícitos de impacto en calidad clínica, resultados en salud, eficiencia y experiencia del paciente, que permitan evaluar, ajustar y fortalecer la política en el tiempo.
Por ser una iniciativa necesaria y de alto impacto, corresponde brindarle respaldo y visión de largo plazo para que el “hospital digital” no se quede como una solución parcial, sino que se convierta en el punto de partida de una transformación digital más profunda del sistema de salud peruano.

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