Según las encuestas, la derecha gana las elecciones de la primera vuelta. Tres candidatos de esa tendencia están en punta: Keiko Fujimori, Carlos Álvarez y Rafael López Aliaga. Así pues, siempre de acuerdo con las encuestas, es probable que Fujimori gane y la acompañe uno de los otros dos.
Salvo error u omisión –algo que no se puede descartar en este mundo electoral tan inestable– la segunda vuelta será como la del 2016, pero con una derecha más a la derecha. Pero es evidente, como dicen los hípicos antes de cantar victoria: la carrera hay que correrla.
La pregunta de fondo es si este eventual nuevo gobierno de derecha será como el del 2016, o si las derechas con más sentido común que en esos años se ponen de acuerdo para cogobernar, porque parece evidente que ninguna fuerza tendrá mayoría absoluta en el Congreso, y la vacancia será siempre un fantasma. Todo indica que será autoritario y que su pasión por capturar el sistema judicial se mantendrá intacta. ¿No se abrirá un pequeño espacio durante la campaña de segunda vuelta para que los dos candidatos se comprometan a preservar algunos derechos democráticos fundamentales?
De los candidatos que vienen inmediatamente detrás se puede solamente colegir tres cosas: es muy difícil que alguno suba hasta el segundo lugar; disputarán bolsones muy parecidos; y, por último, la mayoría de ellos representa un ánimo democrático que en el Perú actual no pudo agruparse, a diferencia de lo ocurrido en otros países de la región, y en el Perú en el lejano 1945, cuando se ensayó el Frente Democrático Nacional, que agrupó, con grandes tensiones internas, a fuerzas muy diversas, desde el Apra de entonces hasta variadas corrientes democráticas.
Una interrogante importante es la composición del Congreso. Las reglas para el Senado tienen el grave problema de que, al poner una valla muy alta, es factible, como ya lo han adelantado analistas varios, que cerca del 35% o 40% de los votos se licuen en favor de los seis o siete que pasarán la valla. Este grave problema le restará más legitimidad y representación democrática al Congreso.
El alto porcentaje que persiste en votar en blanco o nulo, que continúa indeciso o que afirma que no irá a votar, además de los 35 candidatos, demuestran que la crisis política sigue siendo muy profunda. En tales circunstancias, un grave desafío es: ¿cómo acercar la política a las preocupaciones y angustias de la amplia mayoría de peruanos?
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